Home » Actualidad » La relación entre la productividad y los tiempos ultradianos

La ciencia ha podido establecer que nuestro cerebro no trabaja en forma lineal, sino en ciclos. Algunos de ellos se llaman ritmos ultradianos y corresponden a los lapsos de plena atención y de total dispersión. Tener en cuenta esos ciclos y sus pausas nos haría más productivos. Los ritmos biológicos son cambios que se producen en el organismo después de un intervalo regular de tiempo. Los ritmos ultradianos forman parte de los ritmos biológicos y están relacionados con los ciclos de reposo y actividad mental, así como de las conductas alimentarias y motoras. Los ritmos ultradianos, así como todos los ritmos biológicos, establecen ciclos. Es decir que implican una serie de fases o etapas que siempre tienen lugar en el mismo orden y que, una vez completadas, comienzan de nuevo para repetirse de manera incesante.

Los ritmos biológicos se han clasificado en función del tiempo que dura en cumplirse cada ciclo. La mayoría de nosotros hemos oído hablar de los ritmos cicardianos, que también se conocen como el “reloj biológico”. En esencia, marcan los tiempos de sueño y vigilia. Los ritmos ultradianos son menos conocidos y guardan relación con la eficiencia en el trabajo.

Hay varias formas de clasificar los ritmos biológicos, pero la más convencional es la de hacer la categorización en función del tiempo que tarda en completarse cada ciclo. Desde ese punto de vista, existen tres ritmos biológicos básicos:

  • Ritmos cicardianos. Son aquellos ciclos biológicos que tienen una duración mínima de 20 horas y máxima de 28 horas. Comprenden, básicamente, todos los procesos asociados al sueño y la vigilia. Esto incluye temperatura, liberación de hormonas, apetito, etc.
  • Ritmos ultradianos. Son los ritmos biológicos que tienen una duración menor a 20 horas. Comprenden procesos que van desde un milisegundo, hasta varias horas. Incluyen las etapas del sueño, el ritmo cardiaco, el ritmo respiratorio y otros.
  • Ritmos infradianos. Son los que tienen una duración de más de 28 horas. Se dividen en circaseptales, mensuales y circanuales o anuales. Comprenden procesos como el ciclo menstrual, reproducción, metabolismo y otros.

Uno de los aspectos cruciales en los ritmos ultradianos es que dentro de ellos está incluido el ciclo del sueño. El doctor Nathaniel Kleitman fue uno de los pioneros en el estudio de los mismos. A partir de sus investigaciones, hoy sabemos que durante el sueño hay básicamente dos grandes fases. La primera, llamada “no REM”, o sueño de ondas lentas. La segunda es la fase REM, o de ondas rápidas. El ciclo completo del sueño (fase No REM y REM) dura entre 90 y 110 minutos. Lo usual es que completemos alrededor de unos cinco ciclos por noche. Mientras estamos despiertos, el cerebro lleva a cabo ciclos similares a los que se producen durante el sueño. Esto quiere decir que, en un lapso de 90 minutos, el cerebro pasa por varias fases que implican diferentes niveles de “alerta”. En esos 90 minutos, hay momentos en los que estamos un poco más dormidos -es decir, más dispersos- y otros en los que estamos más alerta. Esto, en otras palabras, significa que durante el día somos más ágiles en algunos momentos y más torpes en otros.

Lo que se ha podido establecer hasta el momento es que debido a los ritmos ultradianos tenemos picos y valles en nuestra productividad diaria. Esto tiene lugar en ciclos de 90 a 120 minutos, dependiendo de la persona y el momento. Por otro lado, las señales características de esos valles de productividad son varias. Nos sentimos más agotados, comenzamos a trabajar a un ritmo mucho más lento, nos distraemos con facilidad y cometemos más errores. Lo mejor que podemos hacer en esos momentos es una pausa: ayudaremos a que nuestro nivel de atención se recupere antes. A esto, se suma el hecho de que no hay pleno acuerdo en el intervalo de los ritmos ultradianos, aunque exista un patrón común. Se alcanzan picos de productividad cuando se hace una pausa cada 50 minutos. El tiempo de trabajo ideal, antes de una pausa, es de 20 minutos. Estaría bien que cada uno de nosotros hiciéramos un análisis de nuestra productividad, para encontrar los puntos de corte «más rentables».

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