Home » Bienestar » La filosofía es indispensable para la salud y el bienestar general

Cuando pensamos en filosofía, en general, nos remitimos a su origen occidental en la Grecia antigua y a los grandes pensadores como Platón, Sócrates, Aristóteles, Heráclito, Tales de Mileto… De hecho, de allí viene su significado: amor por la sabiduría. Todos los grandes filósofos, de diferentes orígenes y en distintas etapas de la humanidad, se han preguntado y meditado sobre el ser, por el hombre, la naturaleza, la justicia, la verdad, el conocimiento… en definitiva, por conocer más sobre lo que va planteando la realidad. Y el punto de partida ha sido el asombro, la curiosidad y el medio la pregunta reflexiva, la que lleva a la raíz del tema que queremos dilucidar.

Lejos de aquellos grandes e icónicos pensadores, más cerca de los actuales que desgranan los comportamientos sociales y nos permiten empezar a hilar y comprender algo mejor lo que nos pasa, nos preguntamos para qué sirven la observación, la reflexión y las preguntas constantes que nos hacemos día a día.

Se podría decir que todos somos “filósofos en potencia”, o sea que si llevamos nuestros pensamientos a cierto nivel de reflexión, de cuestionamiento, de apertura a nuevas posibilidades interpretativas, todos podemos actualizar ese “filósofo/a” que somos pero no siempre asumimos ser. Podemos pensar que filosofar –o reflexionar filosóficamente, o “hacer filosofía”- es reflexionar sobre lo establecido como si no lo fuera, o sea desenmascararlo como construcción e interpretación dada por nosotros los humanos mismos, y cuestionar, en principio dudando de su validez… No es casual que entre los grandes filósofos de la antigüedad, dos hitos destacados sean el silencio de Pirrón de Elis –quien dejó de hablar porque no podía decir ninguna verdad- y Sócrates –quien se descubrió más sabio que los demás a partir de saber que “no sabía nada”-. Creo que desde este intento de definición se desprende que para hacerlo no hace falta tener algún conocimiento específico sobre un tema sino capacidad de observación y reflexión, de interrogarse y de buscar caminos –podríamos decir “razonar bien”, pero eso no lo es todo.

En principio, en nuestras vidas cotidianas, en la actualidad, está muy poco presente la actitud filosófica de animarse a ir un poco más allá, de no repetir como loros lo que se supone tenemos que repetir bastante porque sí. Hay poca argumentación, hay mucho slogan y mucha chicana. Esto puede observarse en los debates presidenciales, se ve en los panelistas de TV (los «opinólogos»), en las redes sociales…. Se utilizan todo tipo de falacias no formales (ataque al hombre, “tú también”, apelación a la autoridad, apelación al pueblo, apelación a la fuerza…) en vez de plantear argumentos mínimamente sólidos contra lo que se supone se está discutiendo.

Obviamente, la forma de ver el mundo desde la Filosofía es un poco más incómoda y más trabajosa. Implica enfrentarse a la propia “libertad” –y por lo tanto responsabilidad-, pero también lleva a una sensación de autenticidad que poco tiene que ver con la vida cotidiana ajustada a lo que el marketing nos quiere y logra imponer como modos de vivir, de ver la realidad, como verdades.

¿Qué preguntarse frente a lo que nos va sucediendo?

El preguntarse, ante cualquier suceso, algo, ya nos posiciona de una forma diferente ante la “realidad”, más humilde, más interesante, más abierta a lo nuevo y a posibles interpretaciones. Dudar de lo establecido, incluso de nuestros puntos de vista, asombrarnos ante los hechos, y –puntualmente en relación a la pregunta formulada- ante las diferentes crisis o situaciones límites que me enfrento en la vida, sin duda me tienen que llevar a filosofar (a menos que me asuste y me cierre de manera inmediata). Nuestra reflexión nos puede llevar a mejorar nuestra calidad de vida haciéndolo. Es la respuesta más pragmática. Tal vez no nos haga sentir la euforia de ciertas drogas o de un gol de nuestro equipo, tal vez no nos sumerja en la calma (que deriva en una especie de embotamiento en el que nos adormecen ciertas “verdades” que nos tranquilizan, como la creencia de que la sociedad es así y, por lo tanto, no se puede cambiar), pero nos dará a cambio una sensación de vitalidad, de ser “reales”, de ser auténticos que el devenir cotidiano dentro de la matrix no nos va a dar nunca.

SHARE WITH FRIENDS: