Home » Bienestar » La conexión existente entre las emociones y el dolor físico

Todo aquello que callamos se va acumulando en nuestro interior y puede provocar enfermedades. Si padecemos de algún dolor localizado, siempre hay que buscar en nuestras emociones e intentar sanarlas para poder aliviar el sufrimiento físico. Aunque no lo creamos, los problemas psicológicos se reflejan en nuestro cuerpo. Lo que no se puede expresar con palabras sale a la luz en forma de dolores.

El cuerpo puede mandarnos muchas señales aunque no les prestemos atención. Cuando callamos y no hablamos de nuestras emociones durante mucho tiempo estas se van acumulando y pueden provocar malestares importantes y también enfermedades. El miedo, la bronca, la tristeza, la envidia…todo va a parar a una especie de «baúl» que no nos sirve más que para sentirnos mal, mental y físicamente. La enfermedad es un mensaje que nos ofrece el cuerpo para que sepamos que existe un bloqueo emocional o algún aspecto de la vida que vale la pena cambiar o eliminar. Cuando no vamos en la dirección correcta, cuando cerramos la boca para no generar una pelea o evitamos ciertos temas para no romper lazos, aparecen los síntomas o dolores.

Muchas enfermedades tienen un origen en las emociones. Según qué sentimiento esté afectado o desequilibrado será uno u otro el órgano o la parte del cuerpo que se resientan. El dolor es una señal de alarma. Cuando aparecen, tendríamos que hacer un alto en nuestras actividades y determinar cuáles son los pensamientos o creencias negativas demasiado arraigadas en nuestra vida como para lastimarnos.

Existe una especie de conexión o relación psicosomática que conecta un pensamiento con un síntoma. Quizás no debemos ir al médico para que nos revise y nos brinde un tratamiento, sino hacer un trabajo de introspección para mejorar lo que pensamos y, por consecuencia, cómo nos sentimos. El estrés puede causar úlceras o ataques al corazón, la depresión y la trsiteza o angustia provocar falta de energía, agotamiento, falta o incluso aumento del apetito. La realidad es que el lenguaje somático es fácil de entender.

  • La cabeza: el centro, la conexión con el exterior puede doler a diario debido a una aceleración del pulso sanguíneo o estrangulamiento de las arterias. Este último indica una incapacidad para comunicarnos o expresar los sentimientos básicos, como el amor.
  • El cuello: relaciona la mente y el cuerpo. Cuando hay poca movilidad no sólo puede deberse a dormir mal, sino a tener una visión limitada y rígida de la vida. La obstinación y la mentalidad estrecha provocan dolores en el cuello, así como también el estrés excesivo.
  • El corazón: está relacionado con el amor, pero también con otras emociones como el odio. Es el centro de los sentimientos y sus complicaciones pueden derivar de estar inmerso en situaciones complejas o desesperadas. Tal vez hemos ido demasiado lejos con una relación o prestado atención a cosas que no nos aportan nada bueno.
  • Los hombros y la espalda: cuando solucionamos un problema decimos :»me quité un peso de los hombros». Esa carga que llevamos está relacionada con los sentimientos o experiencias del pasado y que aún no se han perdonado u olvidado. En la espalda está la columna vertebral, ese pilar que nos permite hacer todas nuestras actividades. El dolor en esta zona avisa de que algo no está bien y de que debemos alivianar el peso de nuestras emociones.
  • Los pies: nos permiten avanzar, pero también nos aportan estabilidad. Los pies nos transmiten seguridad y sus problemas indican que no nos sentimos seguros, no sabemos qué camino tomar o cómo pensar en el futuro y los proyectos.

Además, las alergias son una señal de tener mucho miedo, la hipertensión se debe a que estamos en un estado de alerta permanente y, las infecciones urinarias son producto de sentimientos negativos de nuestras relaciones personales.

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