Home » Actualidad » ¿El secreto para poder adelgazar está en nuestro ADN?

Muchas mujeres, y más de una vez se han hecho la pregunta: ¿Por qué no adelgazamos si comemos bien? Hemos reducido las grasas y azúcares, realizamos una dieta hipocalórica, dejamos en el olvido las bebidas alcohólicas y el chocolate y sin embargo seguimos hinchadas. ¿Por qué esos kilos siguen aferrados a nuestro cuerpo? Lo cierto es que las dietas habituales están basadas en patrones muy parecidos y eso repercute en su eficacia, es por eso que a unas personas les funciona y a otras no. Y ¿de qué depende el éxito de una dieta? La respuesta a esta incógnita está en nuestros genes.

La realidad es que muchos de los alimentos que creemos saludables no lo son para nuestro organismo porque así lo determina nuestro ADN, y por lo tanto nos cuesta más adelgazar, o digerirlos, etc… Los expertos han dado con la fórmula que les permite saber qué alimentos podemos tomar y cuáles no en función de la intolerancia que puedan tener en nuestro organismo. Y eso hace una gran diferencia, porque comer conociendo los alimentos que nos caigan bien o mal es el aspecto fundamental para una buena digestión y metabolización de los alimentos.

Además, si conocemos posibles intolerancias, o si tenemos predisposición genética a la obesidad podremos realmente ocuparnos del tema debidamente. Es más, los nutricionistas y genetistas son capaces de evaluar cómo funciona nuestro control de la saciedad para enseñarnos a entender los mensajes que envía nuestro cuerpo. El estudio de nuestra saliva, nos proporcionará la respuesta dietética sobre lo que podemos o no podemos comer, o hacerlo más o menos seguido, sin que nos tengamos que arrepentir.

Basado en 26 polimorfismos seleccionados que intervienen en la nutrición, a través del test genético se investigan intolerancias a la lactosa, al gluten, a la histamina o a la mala absorción de la fructosa. En realidad, lo que se recoge es una muestra de ADN en la que se contrastan parámetros genéticos individuales con estudios biomédicos. Con ellos se pueden diseñar tratamientos nutricionales personalizados para mejorar la calidad de vida de las personas.

La prueba es muy sencilla. Solo se trata de obtener una pequeña muestra de saliva depositada en un bastón de algodón. A partir de los resultados de ese test el paciente podrá tener una dieta específica según nuestras necesidades. La clave está entender el código genético de cada persona y en saber cómo metaboliza los distintos componentes alimenticios. Si el alimento no se metaboliza bien, lo guardamos en sitios específicos de nuestro cuerpo y solemos acumularlo de forma selectiva.

Por otra parte, nuestro ADN aporta una información muy valiosa para prevenir enfermedades o la predisposición a desarrollarlas, lo que permite desarrollar planes de prevención y pautas de comportamiento adaptadas a cada persona. Luego, vendría la labor del nutricionista, quien explicaría a cada paciente los resultados del test y les diseñaría un plan de nutrición personalizado para que cambie sus hábitos de alimentación y mejore su calidad de vida. El plan contribuye a reducir trastornos cuyos síntomas pueden producir sobrepeso o inflamación de la membrana intestinal. Pero si el problema es de obesidad, también realizan tratamientos más efectivos para el adelgazamiento como el método pose o el balón intragástrico.

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