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Diferentes formas de relajar nuestra mente

Diferentes formas de relajar nuestra mente 1

Dejar la mente en blanco es una mera afirmación, pero, en la práctica, no es posible. Lo que sí podemos es enfocarla hacia un objeto concreto y relajante, que nos ayude a desestresarnos. En una época en la que la mayoría de personas vamos a un ritmo acelerado, es necesario tomarse un tiempo al día para relajar la mente y eliminar el estrés. Conseguir relajar la mente es una cuestión meramente práctica. Y, para ello, hay diferentes formas de lograrlo. Con ello, podremos rebajar nuestros niveles de estrés y ansiedad.

Diferentes formas de relajar nuestra mente 2

Diferentes formas de relajar nuestra mente

1. Pared blanca

Cerramos los ojos y visualizamos una pared inmensa blanca. Mientras la mente está concentrada en recrear su color blanco, no hay lugar para más pensamientos. En el caso de que fuera complicado mantener la concentración, podemos pensar en un frase relacionada, como “visualizo una pared blanca”.

2. Manos sin fuerza

Cerramos los ojos, colocamos las palmas de las manos hacia arriba y nos concentramos por completo en las manos. Sentimos cómo se quedan sin fuerza. Mientras tanto podemos ir pensando “las manos cada vez están más débiles, pierden fuerza”.

3. Concentración en la respiración

Cerrar los ojos, inspirar y expirar lentamente. La mente debe estar concentrada por completo en el ruido que hacemos al respirar y la sensación de entrada y salida del aire. Lo ideal es centrarse en la salida y en entrada del aire justo fuera de la nariz, mientras respiramos de forma abdominal. Y es importante no juzgar ningún pensamiento que nos venga a la mente, sino observarlos y dejarlos pasar. Puede haber momentos en los que la mente se nos vaya hacia otra parte, ya sean problemas o actividades que debemos hacer ese día. Cuando aparezcan otros pensamientos, debemos repetirnos interiormente la frase “solo me concentro en la respiración”. De esa manera, desplazamos todo pensamiento y volvemos a dejar la mente relajada y concentrada en la respiración.

4. Música relajante

Sentáte en algún lugar cómodo y poner música suave: de violines, guitarra, naturaleza, agua, música clásica, etc. Cada persona es un mundo y, para lo que uno puede ser relajante, para otro no tiene por qué serlo. Por eso, buscá el sonido o música que te haga sentir en calma. Cerrar los ojos y sumergíte en esas notas. Imaginá que las notas musicales cobran forma y van hacia nosotros, entran en nuestra mente y cuerpo y nos hacen sentir en paz. Sentí ese estado de conexión con la música. Se adentra en uno y nos limpia de toda negatividad, dejándonos en un estado de relajación total.

5. Salida a la naturaleza

Salir a tomar contacto con la naturaleza es de las tareas más relajantes que existen. Contemplar el agua del mar, cascadas, naturaleza verde, etc. Nos deja en un estado de desconexión de los problemas. Siempre es mejor verlo en primera persona, pero si no es posible, visualizar imágenes o vídeos de naturaleza también ayuda a que la mente se desestrese. Lo que entra por la vista es altamente importante. No solo debemos tener cuidado con lo que pensamos, sino también con lo que vemos. Si salimos a dar un paseo por la naturaleza, es muy importante que intentemos estar en el presente. Caminar lentamente, respirar con lentitud y apreciar cada detalle que nos ofrece nuestro planeta: una flor, un árbol, un pájaro, las olas del mar…

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6. Tomar un baño

Tomá un baño relajante con tiempo, con el agua tibia, música lenta de fondo, adornos bonitos… Sentí como el agua acaricia nuestra piel, desplazar la mano por encima del agua haciendo ruido y concentrarse en el sonido del agua. A menudo, nos duchamos como algo rutinario, pero es importante de vez en cuando, tomarse el tiempo suficiente para disfrutarlas a fondo. Si no contamos con el tiempo necesario para darnos un baño de inmersión, podemos aprender a disfrutar de cada ducha y, sentir el agua que nos cae en la cabeza, en los hombros… y recorre nuestro cuerpo. Sentir el agua como un elemento puro, que se lleva por delante no sólo las impurezas físicas, sino las mentales, que arrastra nuestro estrés, nuestra ansiedad, nuestras preocupaciones. Hacer que cada ducha sea un ritual purificador externo e interno.

7. Usar la imaginación

Imaginar es gratis y muchas veces, es muy gratificante. Recostáte boca arriba, cerrar los ojos y crear un propio viaje mental. Imaginá que estás radiante de felicidad en el sitio que más te guste, en la compañía que más desees y visualizar lo bien que te lo pasas. Como es tu propia película donde vos sos el protagonista, no hay que escatimar en las fantasías. Es una manera de relajarse, porque la felicidad que siente la mente cuando pasa algo real es la misma que cuando recibe imaginación positiva.

Relajar la mente es una tarea que se consigue a base de mucha práctica y paciencia. Si te ponés a hacerlo y sentís que no lo conseguís, no hay que desesperarse. No hay que forzarnos si vemos que aún no estamos preparados, es mejor dejarlo para otro día sin obligarnos. Es muy importante saber que, en nuestros primeros intentos de relajar la mente, nos invadirán cientos de pensamientos. No debemos asustarnos, es completamente normal. No es más que una señal de lo poco acostumbrados que estamos al manejo de nuestra mente. Al final, de tanto practicar, llegará un momento que saldrá de forma natural. Para empezar basta con hacer pequeños intentos, una vez vayamos avanzando y consiguiendo relax, podemos incluirlo como hábito, aunque sean de 15 a 20 minutos diarios.