Home » Actualidad » ¿Cuáles son nuestros derechos en las relaciones?

Las habilidades sociales son las herramientas de las que dispone una persona para gestionar sus relaciones con los demás. Hay diferencias en el tipo de vínculos que tenemos con los amigos, con la pareja, con la familia o en el trabajo. Pero en todas ellas el objetivo es el mismo: establecer relaciones interpersonales positivas.

Las habilidades sociales más importantes son la escucha activa (la capacidad de escuchar no sólo lo que nos dice una persona, sino también qué significa para esa persona lo que nos está contando), la asertividad (la defensa de los propios derechos respetando los derechos de los otros), la capacidad de expresar lo que se quiere decir y la habilidad de controlar la forma en que nos relacionamos con los demás. La forma en que nos relacionamos con los demás es la forma en que nos relacionamos con nosotros mismos. Esto quiere decir que la forma de vernos a nosotros mismos determina cómo nos relacionamos con otras personas. Por ejemplo, si nos vemos como alguien inferior o poco válido, tenderemos a dar siempre la razón a otros. También, nos encontraremos con personas que intentarán relacionarnos con nossotros utilizando sus habilidades sociales, y no siempre será para cosas que nosotros aceptemos.

Muchos/as conocen los derechos en las relaciones interpersonales, porque muchos de ellos son bastante evidentes. Pero no siempre los aplicamos y esto puede conllevar situaciones incómodas (con nosotros mismos y con los otros), malentendidos y frustraciones, porque nos gustaría que las cosas hubieran resultado de otra manera. Podemos tener una necesidad exagerada de ser aceptados por los demás, o nos podemos encontrar con alguien que nos exige que cumplamos sus expectativas. Por una razón o por otra, las relaciones con los demás nos pueden incomodar.

¿Cuáles son nuestros derechos en las relaciones?

  • A no responder a preguntas

No es necesario responder a preguntas incómodas. Nuestra información es nuestra y la compartimos si así lo deseamos.

  • A expresar críticas y a rebelarnos contra las injusticias

Las críticas (cuando se hacen con respeto y buena intención) pueden ayudar a mejorar algún servicio o producto, o el trato que dispensa una persona. No siempre son bien recibidas: a veces nos enfrentamos a cosas que no queremos que nos digan. Pero esto no tiene que ser necesariamente negativo. Cuando vemos que algo puede mejorar es preferible expresarlo antes que dejarlo correr y permitir que siga siendo peor de lo que podría ser. Y expresar críticas también es una muestra de firmeza.

  • A expresar y defender nuestra opinión, y a cambiar de parecer cuando querramos hacerlo

A veces queremos encajar en un grupo cuando somos nuevos. Y nos reservamos las opiniones contrarias a las de los otros para evitar que nos rechacen. Es normal hacer esto, y también es una habilidad social de adaptación. Pero hay personas que tienen una gran necesidad de aprobación por parte de los otros (tienen miedo a ofrecer una mala imagen y a ser rechazadas si expresan una opinión diferente). La diferencia entre hacerlo para adaptarse a un grupo nuevo y por necesidad de aprobación es que, en el segundo caso, estamos dejando que sea nuestra ansiedad quien decida por nosotros. También, tenemos derecho a cambiar de opinión sobre cualquier asunto (político, deportivo, religioso, etc) y no es malo hacerlo.

  • A no dar explicaciones

No siempre es fácil explicar por qué hacemos las cosas, y no hay ninguna necesidad de decirlo. En ocasiones, hay algo que pesa más que una decisión: la forma en que la hemos tomado. Y esa forma puede tener que ver con motivaciones personales o íntimas que no tenemos que explicar si no queremos.

  • A no hacernos responsables de los problemas de los demás

Podemos protestar, podemos exigir cambios políticos, económicos, podemosser solidarios y ayudar a los más necesitados. Pero si asumimos como propio un problema de otra persona, nos estamos faltando el respeto a nosotros mismos.

  • A pedir ayuda cuando la necesitamos

No siempre podemos hacer todo, y bien -por cierto; también tienes derecho a no hacer siempre todo y bien-. En las relaciones interpersonales puede ser difícil pedir ayuda si pensamos que cuestiona nuestra valía personal. En realidad, hacerlo es un esfuerzo. Pero pedir ayuda permite hacer cosas que tal vez, sin esta ayuda, no podrías hacer. Y tiene una ventaja añadida: A las personas les gusta saber que han sido útiles a los demás.

  • A equivocarnos y a pedir disculpas

Ser extremadamente exigente y perfeccionista con todo y con todos es agotador. Y una fuente de ansiedad. Equivocarse es normal, y ayuda a aprender de los errores. Eso también se ve en las relaciones interpersonales. Por ejemplo, en las discusiones de pareja. Pedir perdón es reconocer el daño que se ha hecho, las consecuencias que ha tenido y la voluntad de no repetirlo. Eso sí, el perdón funciona si se pide en el momento adecuado: cuando se está preparado para pedir perdón… y para perdonar.

  • A rechazar la ayuda de los demás o no aceptar consejos

Hay personas a quienes les molestan que les den consejos que no han pedido. Y, también hay otras que se sienten mal cuando reciben una ayuda no solicitada, porque piensan que se cuestiona su valía personal. Tanto si es así como si realmente hemos pedido ayuda o consejo, pero no nos gusta lo que nos ofrecen, podemos rechazarlo. Convertir la demanda de ayuda en un compromiso de hacer caso, limita las posibilidades de volver a solicitar este apoyo más adelante.

  • A estar a solas

Muchos necesitamos ratos para estar solos. No estamos tristes, ni nos gusta el aislamiento, ni rechazamos a los demás. Simplemente, queremos estar solos.

  • A decir NO a determinadas demandas

Algunas veces las demandas están totalmente fuera de lugar, o pensamos que nos pueden traer problemas en el futuro (como cuando un amigo nos pide dinero).

  • A decidir cómo nos relacionamos con cada persona

Si un/a compañero/a de trabajo quiere, además, una amistad, podemos rechazarlo. Podemos no querer mantener ningún tipo de relación con una persona. A veces, el miedo al rechazo, las creencias o la violencia hacen que mantengamos relaciones interpersonales que no deseamos. Pero eso conlleva que nos sintamos mal con nosotros mismos, o que la otra persona se cree una imagen de esta relación muy diferente de la nuestra.

  • A poner límites en la forma como los demás se relacionan contigo

Tienes derecho a impedir que tu pareja te controle el móvil. Puedes pedir a tu vecin@ que deje de llamar a tu puerta para chismorrear sobre el resto de vecinos. Y puedes decir a tus padres que no se presenten a tu casa sin avisar. Las relaciones son cosas de, al menos, dos personas. Y sólo tú puedes establecer los límites que quieres por tu parte. Porque si no lo haces, el otro basará la relación entre tú y él/ella en sus esquemas. Que pueden ser diferentes de los tuyos.

  • A ponernos a nosotros mismos como prioridad

¿Cuántas veces hemos que considerarnos a nosotros mismos como la persona más importante de nuestra vida es egoísta? No lo es. Sencillamente porque hay cosas que nadie puede hacer por nosotros, y que sólo las tendremos si nos las proporcionamos a nosotros mismos. Por ejemplo: el pensamiento, la reflexión o el propio futuro. La solidaridad y el altruismo son valores muy importantes porque fomentan la cooperación y el intercambio. Pero la persona que siempre cede ante los demás se niega la oportunidad de lograr cosas para ella misma.

  • A pedir lo que querramos a quien querramos

Este derecho se complementa con el de rechazar las demandas de los demás. Podemos pedir lo que querrramos a quien deseemos. No tiene porque ser adecuado, racional o necesario. Será esa otra persona quien deberá decidir si cede o no.

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