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Los polvos faciales son uno de los productos de belleza más vendidos después de los labiales. Tienen la función de fijar el maquillaje y evitar brillos en la piel. Además, mejoran el aspecto de la piel haciendo que luzca más uniforme y luminosa. En el mercado, podemos encontrar polvos faciales sueltos o compactos. Los polvos sueltos tienen una textura similar a la del talco o harina. La mejor forma de utilizarlos es con una brocha gruesa. En cambio, los polvos compactos cubren más, tapan imperfecciones y se aplican con una esponja. Los puntos clave a la hora de iluminar son bajo el hueso de la ceja, el lagrimal y la parte alta de los pómulos.

Los polvos faciales se clasifican según la función principal que vayan a cumplir en nuestro maquillaje. Pueden ser polvos de sol, maquillaje en polvo, polvos translúcidos y polvos iluminadores.

  • Polvos faciales de sol: sirven para subir un tono el color de nuestra piel. En verano se suelen utilizar como única base de maquillaje por el buen color que tenemos. Lo ideal es aplicarlos justo debajo del hueso del pómulo y con movimientos circulares maquillara hasta la manzana de la mejilla.
  • Polvos translúcidos: son de color blanco y se utilizan para fijar el maquillaje, evitar brillos y darle a tu piel un aspecto aterciopelado. Este tipo de polvos faciales son totalmente transparentes. Se aplican al final del maquillaje y no alteran el tono de nuestro maquillaje.
  • Polvos faciales minerales: en este tipo de polvos se engloban distintos tipos de maquillajes, como pueden ser el corrector o la base, que normalmente son la mezcla de dos polvos diferentes para conseguir una tonalidad perfecta y el rubor. Los polvos faciales minerales, son inorgánicos, libres de aceites, perfumes, alcohol o cualquier tipo de ingrediente comedogénico.
  • Polvos iluminadores: los más conocidos son los que vienen en formato líquido. Funcionan muy bien y aportan luz propia al rostro.

Como preparar polvos faciales caseros

Receta 1

Para preparar los polvos según esta receta necesitamos los siguientes ingredientes:

  • 1 trozo de algodón.
  • 1 estuche de polvo compacto vacío.
  • 2 servilletas de papel absorbente.
  • 1 cucharadita de alcohol etílico.
  • 5 cucharadas de fécula de maíz o maicena.
  • Cacao sin azúcar para dar color, la cantidad será en función del tono que querramos.

Instrucciones: comenzar por poner en un recipiente la maicena y la dosis de cacao según el tono de tu piel. Seguidamente, vertir la preparación dentro del estuche, teniendo en cuenta que no debemos llenarlo del todo. Luego, añadir el alcohol poco a poco, y remover con la ayuda de un palilto hasta conseguir una pasta. Aplastar bien la pasta con ayuda de una cuchara. A continuación, colocar encima de la pasta una o dos servilletas de papel absorbentes para que absorba el alcohol sobrante. Para finalizar, cerrar el estuche y limpiar los bordes con un trozo de algodón.

Receta 2

Consta de dos fases y necesitamos diferentes ingredientes para cada fase.

Fase 1

  • 3 g de polvo de seda.
  • 5 g de polvo de perlas.
  • 5 g de estearato de magnesio.
  • 1 g de almidón de arrurruz.
  • 1 g de arcilla blanca o caolín.
  • 3 g de urea.

Fase 2

  • 20 g de dióxido de titanio.
  • 5 g pigmento marrón.
  • 3 g de pigmento ocre-amarillo.
  • Opcional: óxido de zinc.

Instrucciones: preparar todos los ingredientes de la fase 1.  A continuación, moler la urea hasta que quede fina y tamizar todos los ingredientes de la fase 1 en un colador varias veces. Por otro lado, preparar la mezcla de la fase 2. Para ello, moler en un mortero todos los pigmentos hasta conseguir  un solo color homogéneo. Cuando tengamos listas ambas fases, añadir la Fase 2 a la Fase 1.  De nuevo, tamizr la mezcla por el colador hasta que desaparezcan todos los grumos.

Receta 3

Necesitamos tan solo media taza de arroz y un recipiente para los polvos.

Instrucciones: colocar el arroz en una sartén a fuego medio para dorarlo. Revolver constantemente hasta que cambie de color y tenga el tono más parecido al color de nuestra piel. Una vez alcanzado el color deseado, retirar del fuego y triturar en una licuadora. Después, pasar el polvo por un colador muy fino para quitar los grumos y cualquier otro resto. Para finalizar, poner el polvo en el recipiente.

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