Home » Psicología » Cómo enfrentar el cansancio laboral

El cansancio laboral no es un problema menor como muchos lo piensan. Se trata de un estado grave, que puede llegar a tener consecuencias importantes sobre la salud física y mental. Hay que estar atentos para no llegar a esa condición. Es uno de los grandes males de nuestra época. El trabajo ha adquirido un valor excesivo en nuestra cultura. Son muchas las personas en el mundo que organizan toda su vida en torno a este, al punto que no dejan tiempo ni espacio para otras dimensiones existenciales. Lo más complicado es que este problema se va gestando de una forma muy sutil y muchas veces el afectado solo lo nota cuando su situación ya es muy complicada.

Además, circulan una gran cantidad de creencias erróneas en torno a la fatiga laboral. Hay quienes consideran que trabajar hasta el cansancio es símbolo de compromiso y responsabilidad. Otros, piensan que basta con excederse hoy y compensar mañana, lo cual no es cierto. Lo mejor es prevenir la fatiga laboral. Que no llegue en un punto en que materialmente estemos «quemados».

Cómo enfrentar el cansancio laboral

  • Son muchas las personas que trabajan desde que comienza el día hasta bien entrada la noche. Esto es especialmente habitual para lo autónomos. Sin embargo, también es habitual en asalariados. No hay ninguna buena razón para que esto ocurra. La jornada laboral debe comenzar y terminar a la misma hora, y nunca exceder las ocho horas. De hecho, lo mejor sería trabajar únicamente seis horas, pero no siempre es posible. En cualquier caso, extender ese lapso solo te va a conducir a la fatiga laboral a mediano plazo.
  • Dos de las actividades que más generan cansancio laboral son las que requieren alta concentración y aquellas que son excesivamente repetitivas. Frente a las primeras, lo adecuado es organizarlas de tal manera que puedas realizarlas a primera hora del día. Es el momento en que estás más fresco y atento. La fórmula es hacer las tareas complejas en las primeras tres o cuatro horas del día y reservar el resto de la jornada para las actividades más sencillas, es decir, aquellas que no requieran máxima atención. Ahora bien, tanto las tareas de alta concentración, como las repetitivas, y muy especialmente estas últimas, exigen que hagas varias pausas a lo largo de la jornada. Hacer una pausa no significa dejar la actividad de lado y pensar en ella. Lo adecuado es que cambies de postura y de actividad completamente. Preferiblemente, realizar ejercicios físicos o de relajación y cambiar de escenario.

  • El sueño y la alimentación. Dentro de las costumbres modernas hay una nefasta: saltarse el desayuno. El daño que se le ocasiona al organismo con esto es enorme. No solo se afectan los procesos metabólicos, sino que además ponemos al cerebro en aprietos. Esta pésima costumbre siempre termina generando graves problemas. Comer cualquier cosa a la hora del almuerzo, porque estamos muy ocupadso, tampoco es buena idea. El amor propio está por encima de cualquier deber. Si no nos alimentamos adecuadamente, entramos en un estado de sobreexigencia, que fácilmente conduce a la fatiga. Por otro lado, el buen sueño no se puede negociar. Las horas que dejas de dormir jamás las recuperamos. No dormir lo suficiente es un acto de auto-agresión que no podemos permitirnos. No hay trabajo que compense el valor de un descanso adecuado.

Si ya nos encontramos en un estado de fatiga laboral, es necesario frenar y buscar un compromiso con uno mismo para adoptar un nuevo estilo de vida; de lo contrario, el panorama puede ponerse muy serio. Es un hecho que esta clase de cansancio puede conducir incluso a la muerte. En principio, es necesario que adoptemos las medidas anterormente mencionadas. Pero, adicionalmente, debemos consultar con el médico para que evalúe nuestro estado de salud. En todo caso, lo más importante es que comiencemos a implementar una rutina en la que nuestras necesidades y deseos suban en la escala de prioridades.

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