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Cómo disimular la rosácea

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La rosácea se parece mucho al acné. Se trata de una enfermedad crónica que afecta a nuestra cara. Suele hacerlo en la zona central –alrededor de la nariz–, las mejillas y también puede afectar a los ojos. Se produce un enrojecimiento que en ocasiones hace visibles vasos sanguíneos, pápulas –bultos pequeños– y pústulas –granos con pus– enrojecidos. Los pacientes que la tienen suelen referir sensación de quemazón o ardor en las zonas cutáneas afectadas.

Al principio de la sintomatología el enrojecimiento va y viene durante semanas o meses, pero con el tiempo, ciertas zonas de la cara pueden permanecer permanentemente enrojecidas aunque a veces disminuye durante un tiempo. Se la puede confundir con acné –espinillas causadas por folículos pilosos taponados–, con una reacción alérgica, con un rubor facial… La mitad de las personas con rosácea presentan afectaciones oculares. Presentando irritación, enrojecimiento y sequedad de los ojos. Además, los párpados pueden estar inflamados y enrojecidos también. A veces estos síntomas son previos a los cutáneos. En los hombres también en algunas ocasiones se produce un engrosamiento de la piel de la nariz dándole un aspecto bulboso.

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El diagnóstico lo suele realizar el médico especialista basándose en la historia clínica y muchas veces solicitando pruebas para descartar otras enfermedades, como el citado acné, la psoriasis, rubor facial o el lupus entre otras. Es posible que el diagnóstico de sospecha lo realice un oftalmólogo si predominan los síntomas oculares.

La rosácea afecta sobre todo a mujeres con piel blanca, a partir de los 40 años, aunque puede asomar alrededor de la nariz desde mucho antes. ¿Se puede disimular y/o neutralizar?

Hay tantas posibles causas de la rosácea, que resulta dificilísimo dar con aquella que origina específicamente la afección. Enumeremos algunas: herencia genética, una bacteria del sistema digestivo, venas mal formadas, acumulación de ácaros microscópicos que suelen vivir en los folículos del pelo… Lo cierto es que la rosácea, el enrojecimiento de la piel, sobre todo de la cara, con complicaciones que pueden llegar a provocar acné o bultos, se complica con el frío, el viento, el estrés, las bebidas calientes, las comidas picantes, el alcohol…  Sin embargo, existen maneras de aplacarla y disimularla.

Lo fundamental es no confundirla con un eccema o una dermatitis, ya que el tratamiento es totalmente distinto. Pero, sobre todo, no dejarse vencer por el desánimo de ver la piel enrojecida y el picor (o incluso el dolor) que la puede acompañar. Existen una serie de medicamentos vasoconstrictores para reducir el enrojecimiento, como la brimonidina. Los antibióticos orales pueden ayudar a mejorar la inflamación y también reducir las bacterias cutáneas que pueden agudizar el cuadro.

Estamos ante una afección que no tiene cura, pero sí podemos atenuarla con cambios consistentes en la dieta (nada de consumir energizantes ni lácteos, debemos reducir el azúcar, las frituras y la carne roja), controlar del estrés y la cosmética tiene que ser rigurosamente orgánica. Paralelamente, se pueden probar tratamientos con láser (luz pulsada en los casos más superficiales) o incluso bótox.

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Por otra parte, mantener una buena higiene es sumamente relevante. No hay que abusar del agua caliente ni en la ducha, evitar tratamientos y técnicas cosméticas agresivas y recurrir al hielo cuando tenemos la piel inflamada nos pueden ayudar muchísimo. Es aconsejable aplicar cremas especialmente formuladas para tratar la rosácea, con centella asiática, una mezcla herbal y protector solar 30 SPF. Las cremas con propiedades relajantes, analgésicas y antiinflamatorias van muy bien a las pieles reactivas.

Cuando decidamos tapar la rosácea con un buen trabajo de maquillaje, es importante elegir siempre correctores de color verde, que son los que neutralizan las rojeces. En el caso de tener rojeces muy marcadas, los maquilladores profesionales aconsejan aplicar primero el corrector verde y, sobre él, extender otro de un color similar al de la piel, antes de aplicar el fondo de maquillaje. De esta manera, no queda rastro.