Home » Belleza y Salud » Cómo controlar el hambre emocional

Aunque la ansiedad por comer puede ser un hecho puntual en muchas de nosotras, si ocurre con mucha frecuencia puede convertirse en un grave problema de salud, tanto físico como emocional. Identificar las emociones reales y la fuente de estrés es el primer paso para combatir el hambre emocional antes de que se convierta en una verdadera adicción. El hambre emocional es una forma impulsiva de comer que tal vez esconda un problema de procrastinación o de ineficiente gestión emocional.

Esas ganas de comer, generalmente alimentos poco saludables, pueden darse a causa de las alteraciones hormonales del mes o bien por algún hecho aislado que te ha afectado de alguna manera. Bien, esto no es un problema, siempre y cuando sea muy puntual. Sin embargo, si esta situación de dilata en el tiempo nos encontraremos antes un verdadero problema de hambre emocional que tiene consecuencias poco deseables como aumento de peso, riesgo de diabetes tipo 2, obesidad… eso solo en cuanto a los efectos físicos. Psicológicamente, se nos termina sumando mayor estrés, baja autoestima, incapacidad para lidiar con emociones e incluso depresión.

Cuando existe hambre emocional el cortisol (la hormona del estrés) y la serotonina (hormona de la felicidad) se alteran. La producción de cortisol se dispararía mientras que los niveles de serotonina bajan. Esta «mezcla» es la que hace que ataquemos la heladera o lo que tengamos a mano en la alacena de manera compulsiva. El cortisol no solo se activa cuando hay un peligro que necesita una respuesta de lucha o de huída, sino que también es la hormona que se encarga de regular el metabolismo de carbohidratos, proteínas y grasas, y cuando existen grandes niveles de cortisol el cuerpo nos va a pedir «caprichos» poco sanos como azúcar, grasa y alimentos salados.

Al comer un alimento que nos gusta mucho, se libera dopamina, un neurotransmisor que aporta una dosis de energía y bienestar que va a hacer que te sientas mejor. Todo esto son reacciones bioquímicas que son un alivio momentáneo pero que nos afectan para mal ya que no nos deja ver lo que está detrás de ese impulso. El aburrimiento y el estrés son los factores principales que desencadenan el hambre emocional, la excusa perfecta para procrastinar, algo que nos va a hacer sentir bien, un consuelo emocional aunque sea por poco tiempo, y que nos va a mantener ocupadas para no pensar en otras cosas que quizás deberías observar de frente.

En algunas ocasiones, podemos ser conscientes de las circunstancias que nos están llevando a tener ese hambre emocional, sobre todo en las ocasiones puntuales como sucede en el síndrome pre-menstrual o si nos hemos peleado con alguien. Sin embargo, otras veces podemos no verlo y simplemente nos sentimos cansadas, desanimadas y tristes y, no nos preguntamos «por qué». Esta falta de escucha interior nos va a llevar a ese impulso alimenticio poco sano y lo peor de todo es que después tendremos otro tipo de sentimientos con los que lidiar como la culpa, los remordimientos y la vergüenza.

Cómo superar el hambre emocional

  • Lo primero que hay que hacer es escucharnos, llevar a cabo un ejercicio de introspección para identificar la causa de esos impulsos. Probablemente, estemos posponiendo tomas de decisiones, procrastinando responsabilidades, no siendo asertiva en ciertos momentos… Tenemos que descubrir lo que nos está inquietando para poder ponernos en acción y buscar una salida.
  • La comida tiene como fin nutrirnos, no consolarnos. Si necesitamos consuelo, alguien que nos escuche con quien nos podamos desahogar, obtener consejos, hay que buscar esa figura en nuestro entorno, nuestros seres queridos, amigos y familiares que pueden ayudar a superar el bache emocional sin tener que darnos un atracón que no va a solucionar ningún problema y que encima va a generar emociones nocivas como la culpa.
  • También, puede servirnos practicar ejercicios suaves para rebajar los niveles de estrés, el yoga y la meditación son prácticas muy recomendables que ayudan a encontrar equilibrio y paz mental.
  • Los alimentos ricos en triptófano, como la banana, los huevos, el pollo, el queso ayudan a levantar el ánimo sin que luego tengamos algún tipo de remordimiento.

No nos tenemos que mortificar. Si alguna vez sucumbimos a un atracón emocional, todos somos humanos. Lo bueno es que podemos aprender a gestionar esas emociones para llevar una vida con menos estrés. La escucha interior nos va a permitir mirarnos para poner soluciones a los problemas sin tener que recurrir a la comida poco saludable.

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