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Tal vez no es un destino que esté en la mira de muchos, pero realmente vale la pena conocerlo después de pasar por ejemplo por Italia, a tan sólo 72 kilómetros, al otro lado del estrecho de Otranto. En los últimos años, a la Riviera de Albania se la llama «el nuevo destino de ocio europeo».

Las razones hablan por sí mismas: un clima muy agradable, naturaleza virgen, una gran tradición cultural, una hospitalidad que se destaca y unas hermosas playas para disfrutar todo el año. Además, en comparación con otros sitios del Viejo Continente, es realmente barato.

La historia política de Albania tiene mucho que ver con este encanto casi intacto de sus paisajes y su gente. Si bien cada día más inclina su mirada hacia Occidente, aún conserva mucho de su pasado comunista, su aislamiento por un gobierno que dominó gran parte del siglo XX y su esencia balcánica. Es también una tierra religiosa, donde conviven pacíficamente musulmanes, ortodoxos y católicos, en claro honor a una de sus figuras más reconocidas, la Madre Teresa de Calcuta, nacida en Albania pero criada en Macedonia y naturalizada india donde fundó la congregación de las Misiones de la Caridad. Tal es el tributo, que hasta el aeropuerto internacional de Albania lleva su nombre, «Nënë Tereza».

La cultura albana es una exótica mezcla, con influencia griega, romana y otomana, que se refleja en el lenguaje, la música, las artes y la cocina. Esta combinación de civilizaciones hace del país un destino único y muy interesante. El idioma albano es uno de los más antiguos del mundo y aún conserva lazos con el primer idioma que se conoció en el mundo, el indoeuropeo. No se parece a nada y es muy difícil de entender, pero además de inglés muchos hablan italiano, por influencia de la televisión vecina.

El ex dictador estalinista Enver Hoxa que dominó la mayor parte del siglo XX mandó a construir bunkers en forma de iglú a lo largo de todo el país. Hoy muchos de ellos se convirtieron en famosas paradas donde los turistas suelen sacarse fotos.

La mejor época para ir es entre septiembre y octubre. En pleno verano, las temperaturas suben y las playas se llenan de visitantes. En invierno, las montañas se cubren de nieve y fue esto lo que llevó a los romanos a ponerle el nombre de Albania al lugar (Albus =blanco).

Si bien es un país en su mayoría montañoso, que en invierno regala unos paisajes fuera de serie cubiertos de nieve, su mayor secreto recién descubierto pero que aún se cuenta en voz baja es su bellísima costa de pequeñas piedras y arena blanca sobre las aguas cristalinas del mar Jónico hacia el sur, que el New York Times incluyó en el puesto 4 entre los 52 sitios del mundo para conocer en 2014.

También hay playas en el Norte, sobre el Adriático, más similares a las de Croacia, pero no forman parte de lo que se conoce como «Riviera», aunque ya queestamos allí, se puede extender el viaje.

VLORA y SARANDA

Muchas horas de sol al año pueden ser un buen motivo para recorrer de punta a punta la Riviera Albanesa, desde Vlora hasta Saranda por los 127 km que las separan. Una de las mejores maneras de hacerlo es alquilar un auto (con anticipación) y armarse de paciencia para poder sortear las dificultades que causan el mal estado de las rutas y lo sinuoso del relieve. Sin embargo, la belleza de la zona y la magia de los pueblos mediterráneos son un buen alivio ante el abrupto litoral y la falta de mantenimiento.

Vlora es la principal ciudad de la Riviera y una de las más antiguas del país, en la unión de los mares Adriático y Jónico. Es una típica ciudad mediterránea bastante poblada, rodeada por jardines y campos de olivos, con vestigios arqueológicos como la Gran Mezquita construida en 1542 por el arquitecto turco Mimar Sinan, responsable de las mayores construcciones turcas en Estambul; algunos museos interesantes como el etnográfico y una bahía deslumbrante con un extenso palmeral y hermosas playas. Sobre la costa, numerosos restaurantes para degustar excelentes pescados y mariscos funcionan hasta bien entrada la noche.

El puerto de Vlora es el punto más cercano al puerto italiano de Bari y a la costa de Salento, por eso resulta ideal también para conocer estos destinos italianos, con los que se conecta por ferry. A 19 km, cerca de la península de Karaburun, se encuentra la isla deshabitada de Sazan o Sazani, conocida por sus transparentes y limpias aguas, óptimas para bucear, al igual que muchos puntos de la zona. Otra isla con una hermosa playa cercana a Vlora es Zverneci, ubicada en la laguna de Narta, un paraíso rodeado de cipreses apto para la pesca y la observación de aves, con miles de especies de patos y flamencos, a la que se accede por un largo y angosto puente de madera. Toda una experiencia.

Saranda, la otra ciudad clave de la Riviera, es una bahía con forma de herradura, rodeada de colinas, frente a la isla griega de Carfú. Tiene un encanto sereno, con sus hermosas casas en las laderas, los pequeños barcos en el mar azul y la gente que va y viene por el paseo marítimo.

El clima mediterráneo aquí es ideal, con más de 290 días de sol al año, que convierten a este maravilloso sitio en un lugar de descanso seguro, elegido por muchos albanos y también extranjeros para pasar su luna de miel. Uno de los puntos históricos para visitar es el castillo de Lekures en la cima de una montaña, a 2 km de la ciudad. Este castillo fue construido entre los siglos XVI y XV por un sultán otomano en su afán por conquistar Corfú, y entre sus dos torres circulares está uno de los más destacados restaurantes de la zona, perfecto para probar lo mejor de la comida local y disfrutar de la gran vista del puerto de Saranda.

En las afueras de la ciudad, hay dos atracciones imperdibles: el punto arqueológico antiguo de Butrinto, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, ubicado en el Parque Nacional del mismo nombre, en el que se pueden recorrer las ruinas de la ciudad de influencia griega y romana, que fue desenterrada parcialmente en 1928; y el hipnótico Syri i Katterc («ojo azul de primavera»), un fenómeno natural donde el agua de un manantial turquesa burbujea sin que se conozcan los motivos y, según cuenta la leyenda, tiene propiedades curativas.

A 17 kilómetros al sur de Saranda está la paradisíaca Isla de Ksamili, a la que se llega en pequeños botes tradicionales. Con hermosas playas y cuatro islas a las que se accede nadando, también es un lugar privilegiado para comer mariscos recién sacados del agua en alguno de los clásicos restaurantes que en fila se van sucediendo por la costa. Otro de los platos típicos de Albania, además de los pescados y mariscos por supuesto, es el cordero de la montaña y las frutas y verduras orgánicas rociadas con un excelente aceite de oliva de producción local. Como en todo sitio mediterráneo, aquí también hay viñas que dan exquisitos vinos a partir de cepas locales como Kallmet, Shesh, Volsh y Merlot; y el clásico Raki albanés, un licor anisado hecho con uvas pasas.

Las Playas

Todas tienen en común el turquesa casi irreal del mar; algunas son de pequeñas rocas y guijarros o canto rodado, y otras de arena blanca. En todas ellas descansan embarcaciones locales y yates que provienen de Grecia o de Italia, también los populares y deseados cruceros jónicos que atraviesan el Mediterráneo. Las reposeras blancas y las características sombrillas a rayas de colores se van organizando unas junto a otras hasta completar buena parte de las estrechas playas.

Una de las más frecuentadas es Dhermiu, ideal para practicar deportes acuáticos y buceo. Es el lugar de reunión de los más jóvenes, donde se instalan durante el verano varias discotecas, y está integrada por playas más chicas como Jaliksari, Shkambo y Gjipea. Esta última tiene una bellísima forma con un cañón de más de 70 m de altura y muy cerca está la Caverna de los Piratas, a la que se pude acceder en ferry. En esta área, es bastante frecuente alojarse en una casa más que quedarse en un hotel. Es común ver varios carteles en los hogares de los pueblos que dicen «plazhi dhoma» (cuartos para el alquiler).

Ocho kilómetros al sur de Dhermiu está Vunoi, cerca de Himara, área central de la Riviera, donde se suceden playas espectaculares como Spilea, Potami, Llamani y Livadh, ideales para la navegación. En Borshi, una de las zonas más extensas del litoral, plagada de vegetación mediterránea como cítricos y olivos, está la playa de Qeporai y el pequeño golfo de Puerto Palermo, donde se ubica el castillo de Ali Pasha, monarca del Imperio Otomano. En Orikumi, al sur de Vlora, se construyó un lujoso puerto para yates, donde también hay cuevas marinas para recorrer y más de dos kilómetros de playa para caminar. Aparte de estas, hay muchas más playas para descubrir a lo largo de la Riviera albana, algunas más concurridas, otras más secretas y vírgenes.

Cómo llegar

Por aire, se puede volar desde las principales ciudades de Europa a Tirana, la capital, y luego tomar un bus hasta Vlora, donde comienza la Riviera. Cada hora hay micros que salen para las playas hacia el sur. Por ferry, tanto desde Bari (Italia) como desde la isla griega de Cafú.

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