Home » Actualidad » Razones por las cuales mudarse causa estrés

La mentalidad de la mudanza arranca mucho antes del día D: empieza con la decisión de reubicarse, con la búsqueda y elección de la casa, con la obra o arreglos que le hacés. Es un tema que ocupa lugar en tu cabeza durante mucho tiempo, pueden ser meses o años. Sean cuales sean las circunstancias que te llevaron a esemomento, seguro tenés un nivel de estrés importante. Y esto es porque las mudanzas son, en términos psicológicos, un potencial estresor, o sea, un factor disparador de estrés que, según la personalidad con la que se combine, puede ser más o menos devastador. Las personas flexibles, optimistas y tolerantes a la frustración transitan mejor este proceso que las más rutinarias, ansiosas y poco amigas de los cambios en general. Pero siempre mudarse es un desafío, porque supone acoplar toda nuestra vida a un nuevo lugar.

Durante la mudanza, es común que notes que se te va un poco de las manos este cóctel fuerte de emociones, por un lado, positivas, como la ilusión o el entusiasmo de empezar de nuevo, y por el otro, negativas, como el estrés, la ansiedad y la tristeza por lo que dejamos. Si sentís esta ambivalencia, es porque algo se pierde y algo se gana siempre. Cambiar de casa, por muy terrenal que suene, supone un duelo y una despedida de algo.

Por más que te mudes en circunstancias 100% felices, algo seguro dejás atrás: quizá sea un recuerdo de una etapa en la que fuiste muy feliz, quizá sea un barrio lindo, con gente de confianza, un vecino que te cuidaba el perro o una verdulería excelente en la esquina. Sea lo que sea, es sano que te tomes el trabajo de hacer un cierre de esas cosas que te cuesta soltar y te despidas de tu lugar de residencia con intención, agradeciendo todo lo que pasaste allí y recordando los mejores momentos. Es por eso que, cuando ya estás a una o dos semanas de mudarte, es clave que visualices la meta final y dejes un poco las emociones de lado para que te domine la acción y así poder enfrentar la montaña de tareas que tenés por delante.

En esta etapa entra en juego una habilidad que muchos no fomentamos en el día a día: la inteligencia pragmática. Se trata de la capacidad de trabajar eficientemente y centrándote en las funciones de anticipación, jerarquización, planificación y organización. De este modo, pensando estratégicamente, obtenés los mejores resultados usando la menor cantidad posible de energía, cosa que es clave en un momento así para sobrevivir al caos que te rodea y disfrutar del proceso. Por ejemplo, es mucho más simple agrupar las perchas del placard y meterlas, con la ropa colgada, en bolsas, que sacar todas las prendas de sus perchas, doblarlas y guararlas en cajas o valijas para después hacer el proceso inverso al llegar.

Muchas veces sucede que a los más chicos de la casa les cuesta mucho mudarse. Son niños; es normal que estén muy aferrados a sus cosas y muy acostumbrados a sus rutinas. Por eso, para ayudarlos a procesar los cambios, es clave explicarles a los hijos paso a paso qué va a suceder y asegurarles que todas sus cosas los van a estar esperando en la casa nueva. Si los chicos están informados y sienten que los adultos les dan seguridad, ellos van a responder bien. También, está la parte de saber entusiasmarlos. Para esto, algo que puede servir es involucrarlos en las distintas etapas del cambio de hogar: llevarlos a ver la casa nueva , elegir juntos la pintura para su cuarto, pedirles que te ayuden a guardar juguetes en una caja, etc.

El cambio de casa rompe con todas nuestras estructuras y por eso es un momento de mucho estrés. Porque nuestra psiquis y nuestra identidad tienen apoyaturas, soportes concretos. Y la mudanza nos deja tambaleando, sin todos esos soportes y seguridades: no sabemos dónde están las cosas, ni cómo funciona el horno, ni cómo se llama el vecino. Incluso es difícil acostumbrarse al orden nuevo ,y hasta a los sonidos. Pero lo bueno que implica la mudanza es que en el camino te das cuenta de qué cosas son imprescindibles y qué otras podés dejar ir. Es una posibilidad de tomar perspectiva y ver qué cosas podemos soltar. En definitiva, un buen momento para hacer una limpieza exterior e interior. Después de todo, cambiar de casa es, en mayor o menor medida, cambiar de vida.

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