Home » Psicología » ¿Qué tipo de parejas duran más?

Existe la creencia de que nos enamoran las características opuestas, pero a la hora de sostener una relación a largo plazo este tipo de relaciones quizá nos demanden más atención y flexibilidad. En la era previrtual existía la firme creencia de que: mejor opuestos y complementarios. En la actualidad este mito pierde fuerza.

Es un mito de que las personalidades opuestas son las funcionan mejor. Las parejas con más acuerdos en personalidad, actitudes, valores, actividades recreativas y hasta en consumo de alcohol son las que llegan a compartir más tiempo juntas. Esto fue revelado a través de varias investigaciones y estudios a casi 1.600 parejas.

La respuesta dio que aquellas parejas que poseen un 86% de similitud en gustos son las que duran más años. La pregunta es : ¿ Éstas similitudes se van armando con el tiempo o ya existían previamente?

Si bien los rasgos de personalidad son un factor fundamental a la hora de evaluar las afinidades o los rechazos en las parejas, hoy en día la interposición de la tecnología en la constitución y el armado de los vínculos juega un papel fundamental. En la era previrtual existía la firme creencia de que era mejor encontrar un compañero que funcionara como “opuesto y complementario”, haciendo contrapeso a los rasgos propios (si uno es social, el otro introvertido, uno trabajador, otro amante del ocio, etc.). En la actualidad,este mito pierde fuerza.

En los comienzos de toda relación seguramente el amor y las ganas de estar juntos permiten superar cualquier desacuerdo. Sin embargo, con el paso del tiempo, estos desajustes aumentan, más aún si no ha sido posible elaborar códigos de entendimiento. Más allá del deseo o la voluntad personal, cumplir con las normativas sociales en un medio competitivo (trabajo, casa, crianza de los hijos, educación) aleja a la parejas, diluyéndose la unión en un contexto mayor: la familia. Por lo tanto, desde el punto de vista de las condiciones culturales actuales, las afinidades pueden resultar una forma más efectiva de conexión para compartir proyectos. Aquellas parejas dispares por diferencias de gustos y de actividades tendrán el compromiso de aumentar los momentos de comunicación y bajar el uso de los medios tecnológicos para no aislarse más, es decir para no encerrarse cada uno en sus problemas.

Si existe flexibilidad en los rasgos de personalidad podemos inferir que la “mirada sobre el mundo propio y el ajeno” es más abierta. El secreto también implica saber negociar y no mostrar rigidez y poca tolerancia. Si la otra parte de la pareja pone en cuestión alguna conducta, emoción, carencia de sentimientos, por lo menos debería existir un mínimo compromiso de pensar en qué es lo pasa. Existen dos frases típicas que revelan cómo las defensas obturan la más mínima autocrítica: “No sé” y “yo soy así”. En el primer caso la imposibilidad de traspasar la defensa se hace evidente y ya no se puede hablar más del tema. La persona desconoce qué le pasa, pero al mismo tiempo pone en conocimiento del otro que ese “no sé” que repite con molestia es una invitación a que no le pregunten más. Lo mismo sucede con la otra frase “yo soy así”.

Terquedad vs flexibilidad

En el caso de personalidades con diferencias muy marcadas, pueden existir rasgos rígidos en uno y flexibilidad en el otro. Es la típica unión entre un obsesivo (alguien excesivamente formal, con pensamientos cerrados y una forma de organizar la vida esquemáticos) y otro que siempre cede. Para el “obse” todo se planea con tiempo, sin margen para el error; la improvisación es mala palabra. El conflicto se produce cuando se unen a personas que se muestran más imprevisibles, con menos inhibiciones y más capacidad para disfrutar. Puede resultar que en el comienzo de la relación no se pongan en evidencia estas diferencias, sin embargo, cada vez que estas personas se enfrentan a más y más responsabilidades, se estresan y no quieren que nada rompa el orden conseguido. Si ellos sufren por la ansiedad que les provoca la desorganización, la persona que lo acompaña sufre porque tiene que responder a ese orden y a esa disciplina que el otro impone. Además, en este caso los objetivos cumplidos se miden en bienes materiales, hijos con excelentes notas o en buenos cargos laborales. Se pone el acento en las metas conseguidas y en el éxito. Estas relaciones se vuelven enfermas cuando uno domina (generalmente el obsesivo) y el otro se somete a las reglas que se le imponen.

Poseer diferentes rasgos no implica una imposibilidad para continuar la unión, quizá se trate de hacer un balance entre lo común y lo distinto, una suerte de alquimia. Debemos realizar los ajustes necesarios para evitar los conflictos.

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