Home » Actualidad » ¿Qué es la dysania?

La dysania consiste en tener ese extremo cansancio y/o agotamiento para poder lograr levantarse por las mañanas. De problemas emocionales, estrés, hasta un cansancio puro y duro pueden ser algunas de las causas. Tardar más de 30 minutos en levantarse responde a varias cuesiones.

Por lo general, no son pocos quienes programan el despertador 5 o 10 minuos antes de la hora “tope”. Suena, pero aguantamos esos minutos “extra”. Al sonar ya la hora “límite”, esa que te recuerda que o que te levantás o te despiden del trabajo o, bien no llegás a tiempo a realizar tus tareas cotidianas, sufrís una especie de ataque y la histeria te invade. Viene entonces una ducha más que “express” (si no sos de los que se bañan a la noche), el desayuno del minuto y medio, y salís corriendo con los pantalones medio abiertos y el cabello descontrolado (recordando si encima te llegaste a lavar los dientes).

¿Por qué nos pasa esto? 

¿Por qué somos incapaces de despertarnos en sólo 5 o 10 minutos y tendemos a permanecer en la cama una media hora? La respuesta es sencilla: casi todos padecemos dysania, o una dificultad extrema para levantarnos por las mañanas. Una dolencia que está vinculada principalmente a problemas emocionales o a trastornos del sueño.

La dysania es un estado de conciencia alterado en el que cuesta trabajo despertar a la realidad; es decir, el cuerpo llama a seguir durmiendo, a pesar de que sabes que es hora de levantarse. No es por lo tanto una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de que algo en nuestro organismo no marcha bien del todo, ya sea emocional o físico. De hecho, esa sensación constante de cansancio o fatiga –como si no se hubiera dormido los suficiente– puede desembocar en un episodio de dysania un desorden que siempre va acompañado de irritabilidad y mal humor ante la imposibilidad de “despertar a la realidad”.

¿Qué podemos hacer para evitarla?

Es una cuestión de hábitos, de comportamientos aprendidos y de educación, más que de una cuestión genética. Esto no es algo fisiológico, ya que las actividades diarias determinarán tu tiempo de descanso y tu tiempo activo. Una variación prolongada en las horas de sueño, el estrés, trabajar demasiado o estar bajo presión pueden provocar un episodio de dysania. Así pues, lo que hacés durante el día repercute en tus horas de sueño y en tu predisposición para levantarte.

HÁBITOS QUE NO TE DEJAN DORMIR


  • Ser autoexigente

Más que un hábito, se trata de un estado mental que debemos enfrentar. Cuando una persona duerme mal, siempre hay una causa que lo provoca. La causa más frecuente es acumular estrés y ansiedad durante el día. Son personas normales, sin problemas graves psicológicos o psiquiátricos, que van acumulando tensión durante el día. Al llegar la noche, el cerebro no puede desconectar y nos vamos a la cama dando vueltas esperando que el sueño venga a hacernos compañía. No hace falta ser una persona con un trabajo especialmente exigente. Esto tiene mucho que ver con la forma de ser de cada uno. La sociedad actual, con presiones y responsabilidad, junto con un carácter cumplidor, responsable y autoexigente hace que nos llevemos a la cama las tensiones del día y la ansiedad.

  • Dilatar el momento de dormir

No se trata de procrastinar tareas –que también, puesto que inciden en el estrés y, por lo tanto, en nuestro momento de conciliar el sueño–, sino de que cuando son las 11 de la noche en los días laborables, sé que probablemente debería al menos considerar prepararme para irme a la cama. Pero levantarme del sofá para lavarme los dientes, lavarme la cara y ponerme el pijama, a veces, parece muy duro. Asíque evito hacerlo durante un ratito y termino yéndome a la cama demasiado tarde, así se puede definir este tipo de procrastinación. Posponer el momento de dormir nos resta horas de sueño (¿insomnio voluntario?).

  • Comer tarde y/o en cantidad

Esto responde al sentido común. Debemos eludir las cenas abundantes y ricas en grasas (embutidos, quesos curados y/o grasos, salsas o frituras) pues pueden producir acidez de estómago. También, se deben evitar aquellas recetas elaboradas con cantidades considerables de especias, así como acostarse inmediatamente después de cenar, ya que potencia la subida del contenido ácido del estómago al esófago, provocando síntomas como el ardor o las náuseas. Una ensalada de pasta y verduras con un yogurt o queso fresco es ideal.

  • Colocar el celular en la mesa de luz o bien cerca de la cama (y chequearlo antes de dormir)

Dicen ciertos estudios que las radiaciones que emite el móvil causan dolores de cabeza, cambios de humor, confusión e interrupciones en patrones vitales del sueño. En definitiva, las personas que duermen con el celularl lado de la cama tardan más en dormirse y pasan menos tiempo en un sueño profundo. Pero, más allá de las radiaciones, es imposible estar trabajando, conectado a Internet, Facebook, Instagram, mails, Twitter, etc., hasta última hora de la noche y pretender que el sueño nos aparezca de repente como por arte de magia.

  • Dormir de día o tomar una siesta de más de media hora

Aunque muchas personas no pueden cambiar este hábito a causa de su horario laboral nocturno, existen malas noticias. El cerebro está programado para dormir por la noche y estar despierto durante el día. Hay hormonas como la melatonina que sólo tenemos durante la noche. El sueño diurno siempre es menos reparador y más fraccionado. Es más, dormir durante el día altera los ritmos de alrededor de un tercio de los genes, incluso más que la falta de sueño.

Dormir 20 minutos después de comer ayuda a dormir mucho mejor por la noche. La siesta ayuda a ingerir menos cafeína, a relajarse y estar más alerta durante el día y, por tanto, a sentir menos ansiedad por la noche. Pero hay que tener cuidado porque si dormimos más de 20 o 30 minutos entramos en la fase del sueño de las ondas lentas y eso tendrá un impacto negativo a la hora de acostarnos por la noche.

  • Romper con la rutina    

¿A quién no le gusta romper con la rutina de vez en cuando?, pero puede pasarnos factura a la hora de conciliar el sueño. Es necesario seguir el mismo horario a la hora de acostarnos y levantarnos. Nos guste o no, al final somos animales de costumbres y alterar nuestro ritmo natural –por temas de trabajo o por viajes– puede tener sus consecuencias.

  • Tomar mucha cafeína

Lo ideal es no ingerir ninguna bebida con cafeína después del mediodía , independientemente de que después del almuerzo nos entre sueño. Aunque creemos que la cafeína no nos afecta o no nos quita el sueño, es la culpable muchas veces de que nos despertemos en mitad de la noche o terminemos durmiendo inquietos. Recordar que la cafeína no sólo se encuentra en el café, también en alimentos como el cacao, en helados y dulces varios, en el té, los refrescos o las bebidas energéticas.

  • Hacer ejercicio justo antes de dormir

Realizar un entrenamiento diario produce en el cuerpo la necesidad de recuperar, y el sueño y la recuperación van juntos de la mano. Cuanto más duro se entrena, más es la recuperación y, por lo tanto, el sueño que tu cuerpo necesita. Es importante no practicar ejercicio y transpirar poco tiempo antes de acostarnos, ya que lo único que conseguimos es que nos cueste más conciliar el sueño.

  • Dejar encendida alguna luz, por más suave que sea.

La luz brillante, incluida la de la PC, Notebook, Ipad, Netbook o incluso la de celular, pueden evitar la producción de melatonina. Se aconseja apagar todas las pantallas y desenchufar los aparatos al menos una hora antes de acostarse y realizar una actividad pacífica, como leer, en una habitación poco iluminada antes de dormir. La luz es la señal más potente que recibe nuestro cerebro para recordarle que es hora de levantarnos.

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