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Yoga 3

En las sociedades occidentales solemos darle más protagonismo al cuerpo que a nuestra mente. Una tendencia que parece que está cambiando en los últimos años pero que todavía cuenta con una gran olvidada: nuestra alma. El yoga, el tantra y el ayurveda nos ayudan a despertar y conectarnos con nuestro costado espiritual.

Practicar YOGA

El yoga es un camino espiritual. Hay muchas escuelas de yoga, una de ellas aplica en practica lo que también sucede en la vida real. Hoy en día ya no podemos separar lo que hacés en la escuela de yoga de lo que hacés en tu casa o en la oficina. Se trata de que ambas cosas sean un continuo, ya que se supone que el yoga te lleva a un estado de comodidad continuado que podés vivir en cualquier circunstancia.

En la actualidad, uno vive “fragmentado”:  un niño pequeño, hasta los 3 o 4 años, es un ser completamente feliz. No se comporta diferente con unos o con otros, simplemente, es. Está muy despierto por dentro y no tiene que crear ningún filtro ni ponerse ninguna máscara. Digamos que no empezó la manipulación con el entorno. Lo que sucede es que cuando empezamos a ser más independientes, la vida, a través de la sociedad y del influjo de la educación, hace que pensemos en nosotros como seres que tenemos diferentes aspectos separados. Se nos enseña mucho a pensar y se le da mucha importancia a lo que sucede en la mente, pero muy poca importancia a lo que sucede con el sentir.

Con respecto al espíritu y al alma, a muchas personas aún les cuesta hablar de estos temas porque suele despertar todo un río de información y de experiencias que tenemos en relación a las tradiciones judío cristianas de nuestra cultura. El alma es una gran olvidada. Si aceptamos que el universo es un continuo de energía, cada ser humano es una pequeña chispa; esa pequeña chispa es tu alma. El alma nunca está vacía, por lo que el vacío proviene de otra parte. El vacío puede provenir de necesidades que no fueron cubiertas o de experiencias que no hemos vivido completamente. El yoga ayuda porque, al trabajar con el cuerpo físico, se libera mucha energía y te llenás de la fuerza vital.

yoga

Todos llevamos dentro nuestra propia agenda interior de historias y, la mayoría de veces, ni estamos en nosotros, ni en la otra persona. No sólo las relaciones humanas con otros son deficientes, también las relaciones con uno mismo. Además, no solemos dejar de pensar generando, además, multitud de pensamientos negativos. Esto se trabaja con al autoobservación. Si no estás presente, con atención plena, es muy difícil encontrar un lugar desde donde mirar. Para darte cuenta de lo que estás pensando necesitás una perspectiva; al crear un estado de atención plena encontrás ese punto desde dónde mirar lo que está sucediendo en tu mente. Con que esto se practique dos o tres veces al día te vas a empezar a dar cuenta de cuál es tu propio patrón. Tenemos miles de pensamientos al día, la mayoría negativos y muchos de ellos, repetitivos. El problema es que se nos enseñó que la meditación es poner la mente en blanco, y eso crea una lucha muy fuerte con vos mismo. En lugar de mirarnos a nosotros mismos desde la lucha, nos tenemos que sentar e intentar ver qué es lo que nos pasa por la mente.

Meditar no consiste en dejar la mente en blanco. Es el estado de alerta plena, el estado de estar presente. Los pensamientos van a ir funcionando a una velocidad, pero cuando practicás el pararte, y tu cuerpo está equilibrado gracias a las posturas del yoga y a un estilo de vida que apoya tu salud integral, la mente irá moviéndose cada vez más despacio y se empezarán a generar espacios entre los pensamientos. No son espacios de vacío, son de una plenitud de experiencia vital increíble. La meditación conviene practicarla en forma diaria y se trata simplemente de “ser”: podemos experimentarla sentados y con la mente en silencio o podemos hacerlo viendo un amanecer o estando con un ser amado.

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