Home » Psicología » Maneras de saber frenar a tiempo las discusiones en la pareja

¿Con qué frecuencia discutís? ¿Cómo lo hacés? Si el amor conjuga un estado afectivo con cierta dosis de racionalidad, podemos asumir que las crisis desafían a las parejas a atenuar sus emociones y “contar hasta diez” antes de reaccionar. A veces, discusiones constantes se naturalizan, hasta tal punto que, si no aparecen, su falta se vive con extrañeza más que con calma.

Siempre surge algún tema, generalmente cuestiones banales, que disparan el enfrentamiento. Y si nos detenemos a pensar en esos disparadores veremos que la mayoría son acciones cotidianas repetidas las que más molestan. Por este motivo, cuando se sale de la rutina, las discusiones tienden a desaparecer. Sin embargo, esos actos cotidianos son interpretados como expresiones de una forma de ser del otro: “es egoísta, descuidado, olvidadizo, quejoso, inútil, miedoso, bruto, celoso, agresivo, etc.”.

La individualidad

Las parejas actuales no quieren que la individualidad desaparezca en pos de ceder todo para contribuir a la unión, sin embargo tienen que luchar para que esto no suceda. Los tiempos que corren, con exigencias y una suma de responsabilidades familiares, sobre todo si existen hijos, impiden que se encuentren esos espacios necesarios para estar con uno y con los deseos personales (amigos, familia de origen, cursos, hobbies, etc.). La insatisfacción personal es causa de malestar: “el tiempo pasa y siento que cada vez me postergo más”.

La no convivencia

Del lado opuesto están los eternos amantes, esos que conviven los fines de semana pero no se animan a encarar la vida en pareja por las responsabilidades que implica  el miedo a perder la individualidad conseguida. No obstante, las discusiones se suceden cada vez que se toca el tema. Comprar o alquilar un departamento, desear ser madre, o solo pensar que el tiempo pasa y es necesario definir la relación, son motivos de crisis que se encienden y se apagan por la imposibilidad vencer el miedo a perder lo conseguido en materia de desarrollo personal.

Hombres y mujeres por igual construyen supuestos sobre las conductas de sus parejas. El acto en cuestión queda asociado a una forma de ser que compromete a la persona en su totalidad, ejemplo: “se te quemó la comida: sos una inútil” o “querés tener sexo cuando a vos se te ocurre: sos egoísta”. Interponer supuestos o ideas preconcebidas sobre los actos del otro es uno de los motivos más frecuentes de discusión. La conducta ajena se convierte de antemano en una acto previsible que debe ser criticado, casi antes de que aparezca.

 

Otro tema frecuente son los pedidos que mutan en demandas constantes. La distribución de los roles, de las actividades dentro y fuera del hogar, la administración del presupuesto, de los tiempos para el sexo, etc., se convierten en motivo de conflicto cuando se piden cambios sobre lo establecido. La dinámica del vínculo en esencia debe ser flexible, sin embargo, existen acuerdos sobreentendidos por la costumbre, por la repetición, no porque exista un compromiso entre las partes para que sea de tal o cual manera. Hacer un curso, salir con amigas, pedir un cambio en las actividades del hogar, hacer una compra que no estaba contemplada en el presupuesto o tomar la iniciativa para tener un sexo diferente… suelen ser motivos de sospecha primero, de discusiones después. Los vínculos no son construcciones estancadas y fijas, sino que están sometidos a deseos personales, a “sacudidas” que lo sacan de la monotonía.

Las diferencias y las afinidades

Uno puede ser muy diferente al otro, pero para que este vínculo se nutra de la disparidad debo  se debe empatizar con la diferencia, es decir, ponerme en el lugar del otro y comprender su punto de vista. Esto es una forma de acordar con el desacuerdo. Ahora bien, si se usa la incompatibilidad para cerrarse cada uno en su mundo y compartirlo a “cuenta gotas” no creo que sea muy efectivo.

Por otro lado, las relaciones basadas en la afinidad deben enfrentar el desafío de romper con tanto acuerdo. Cuando ambos coinciden en trabajos o gustos semejantes, deben salir de la monotonía proponiendo acciones nuevas que traigan “nuevos aires” a tanto conocimiento compartido.

Tips

  • Hay que saber que una relación no es la unión de dos partes que se completan, como un encastre que encaja con algún grado de perfección.
  • El desafío de las parejas no es estar de acuerdo, sino en encontrar formas para “acordar los desacuerdos” sin provocar conflictos insuperables.
  • Creer que el amor “todo lo puede” es una construcción romántica ideal que poco tiene que ver con lo que sucede a lo largo de la convivencia. Muchas parejas se aman pero son incapaces de sortear las diferencias.
  • Aprender a diferenciar una conducta que genera conflicto de un rasgo que compromete al otro en su totalidad: “me preguntó por qué gaste de más: es un desconfiado”, “no me preguntó cómo me había ido en el examen: es un egoísta que solo piensa en él”.
  • No interponer preconceptos o supuestos frente a una acción sincera del otro: “quiere hacer un curso porque las amigas lo hacen”.
  • Disponer de 15 minutos diarios para hablar de los acuerdos y de los desacuerdos, lo que gusta y no gusta del otro. Solo se debe escuchar y pensar en lo que cada uno dice. Prohibido discutir.
  • Aceptar que los vínculos son dinámicos, no pretender que los hábitos y la interacción sea rígida y pelear para que así sea. La rigidez mata la vitalidad de los vínculos.
  • Parar la discusión es interponer un criterio de realidad: en el momento de emociones altas no podremos entender qué nos pasa. Tomar distancia y dejar que las emociones cedan es la mejor opción.
  • El maltrato, la humillación, el trato denigratorio, violento, no deben permitirse jamás.
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