Home » Actualidad » Las consecuencias de transformarnos en nuestros propios enemigos

A veces, se vuelve moneda corriente, enfrentarnos a situaciones en las que simplemente nuestra visión es la que termina siendo el peor consejero. Va más allá de tomar malas decisiones o de ser pesimistas, hablamos de cuando nuestros criterios de felicidad no se ponen de acuerdo con nuestras acciones, sabemos lo que queremos alcanzar, pero no hacemos nada lograrlo, o lo que es peor aún, terminamos haciendo lo contrario mientras nos convencemos de que lo otro no era para nosotros. Desde ya, que en este aspecto, juega un rol fundamental la autoestima y la falta de confianza, pero lo que subyace, sin duda, es el miedo a poder obtener aquello que deseamos y no saber qué hacer con ello.

A veces el problema (lo que boicotea nuestro éxito, nuestro avance, la concreción de nuestros deseos) parte de un rol que inconcientemente nos fue asignado en el entorno familiar – sobre ese rol negativo (la oveja negra, la problemática, la conflictiva) reposa toda la dinámica (disfuncional) de la familia, por lo que si intentamos “corrernos” de ahí… el marco familiar reacciona con hostilidad y resistencia. Y entonces transitamos la vida cumpliendo ese mandato que nos limita, hasta que entendemos que no es nuestra responsabilidad “camuflar” los problemas de otros miembros de la familia (nuestro rol “eclipsa” los demás problemas, para que nadie se haga cargo de nada y no salgan de la zona de confort), y decidimos ser libres y adoptar un rol que elegimos y que nos devuelve una imagen positiva – el precio a pagar (la hostilidad del entorno, que vive nuestra libertad como una amenaza al statu-quo y como un acto “egoísta”)… vale la pena pagarlo, ya que la libertad “no tiene precio”. Esto es lo que se conoce como el “hijo síntoma”.

transformarse en enemigo de uno mismo

Los enojos que arrastramos con nosotros mismos se proyectan en todo lo que encaramos. Más de una vez responsabilizamos a los demás por situaciones que nos pasan, cuando la verdadera causa no es, ni más ni menos, que uno mismo. Volcamos enojos antiguos en situaciones actuales que nos llevan a perpetuar círculos difíciles de romper. Acá no tiene que ver ni las circunstancias ni las personas que nos rodean, son nuestros propios fantasmas los que terminan truncando cualquier proyecto que nos propongamos llevar adelante. Por esta razón, poder distinguir esos enojos es lo único que nos puede correr del lugar de tener que revivirlos inconscientemente a diario y que se transformen en conductas que no nos dejan nada productivo.

Necesitamos comprender que solamente de nosotros puede partir el empuje que nos permita el cambio, porque mientras sigamos aferrados a creencias que se nutren de nuestras inseguridades, nunca vamos a poder hacer una lectura completa de la realidad y dispararemos actitudes defensivas frente a todo lo que no encuadre con nuestro esquema. Tenemos que despegarnos de las conductas que no lastiman, no solo diferenciando su carácter autodestructivo, sino dándole un nivel análisis que nos lleve poco a poco a desterrarlas.

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Las consecuencias de ser nuestros propios enemigos son:

  • Malgastar nuestra energía. Tenernos a nosotros mismos como enemigos es agotador e implica un desgaste sostenido de fuerzas, dado que nunca nada será suficiente si no somos capaces de fijarnos los propios límites.
  • Malas relaciones personales. Si la manera que tenemos para vincularnos con los demás siempre termina en conflicto, y jamás nos detenemos a analizar el porqué, nos vemos atados a un patrón de conducta que impiden que podamos fomentar lazos estables.
  • No poder proyectar. Cuando no tenemos registro de que derrumbamos todo lo que intentamos construir, se hace imposible poder avanzar, nos estancamos en una posición que no nos permite elaborar planes ni tampoco concretar nuestras metas.
  • Tener una visión hostil del mundo. El no poder alcanzar una mirada introspectiva frente a las propias conductas que nos restan, va alimentando la idea de que nuestro contexto tiene la responsabilidad exclusiva de que las cosas no sean como queremos. Esta manera de percibir la realidad hace que nuestras estructuras se vuelvan rígidas y poco permeables al cambio.

consecuencias de transformarse en enemigo de uno mismo

Nadie decide transformarse en su propia contra, ni tampoco es simple enfrentar las consecuencias que esa actitud genera. Por eso, es importante trabajar sobre nosotros mismos y no solamente quedarse con los hechos, necesitamos aprender a ver qué es lo que queremos y cuáles son nuestras conductas para lograrlo. A veces nos quedamos frenados intentando modificar situaciones en las cuales no tenemos ningún control, en lugar de intentar cambiar cosas que están a nuestro alcance y que son fundamentales para que todo lo demás se reordene. Debemos intentar a reconocer lo que no nos gusta de nosotros mismos para no convertirnos en nuestra sombra, aquella que sin poder distinguirla acabe por impedir que cumplamos todo lo que anhelamos, tal como lo expresa Carl Jung, quien mira hacia fuera sueña, pero quien mira hacia adentro despierta.

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