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importancia de tener dientes sanos

Mantener la boca limpia y cuidar de nuestros dientes es una tarea que requiere de muchos cuidados y, por sobre todo, constancia. Es una labor a incorporar como rutina diaria. No prestarle atención a nuestra salud dental puede terminar por traernos más de un problema. No se trata únicamente de una cuestión estética. Tener una boca “sucia” implica dientes amarillentos, mal aliento, un foco ideal para sufrir caries e infecciones, que puede terminar en problemas serios de encías y hasta pérdida de piezas dentarias.

La diferencia entre una boca limpia y una boca con mal aliento es comparable a la de un río de agua corriente y cristalina y  a una laguna con agua estancadas. Idealmente, la saliva debería fluir por la boca y llevarse las bacterias que causan el mal olor. Pero, si la boca se seca por algún motivo (nervios, consumo de alcohol, dormir y roncar), la saliva deja de fluir y es entonces cuando sentimos olor a “podrido”. Para poder quitarnos ese mal olor, primero necesitamos beber mucha agua, ya que ésta lavará los compuestos sulfúricos que se generan en la cavidad oral y que causan el mal aliento o halitosis. Después, podemos consumir vegetales fibrosos, como el pepino, el apio o la zanahoria. Su contenido en agua limpia la boca y, al masticarlos, su textura fibrosa hace que automáticamente generemos más saliva. Estos vegetales son como una combinación de una pasta dental y un enjuague bucal naturales, provistos por la madre naturaleza.

La dieta y los momentos de las comidas son clave. La dieta tiene un peso más importante que el propio cepillado de los dientes en la prevención de la caries. No alcanza con cepillarse bien los dientes y más veces al día para compensar porque esto no revierte los efectos de una mala dieta. En lo que se refiere a caries, cavidades y agujeros en los dientes la clave está en la dieta y en la frecuencia de exposición al azúcar. Si no hemos comido o bebido durante un tiempo, la boca está esencialmente “en reposo” y los dientes “a salvo”. apenas se termina de comer, se vuelve ácida y genera un ambiente en el que los dientes empiezan a disolverse. A la boca le toma unos 40 minutos volver a sus niveles seguros de acidez. Asique, si se intercalan alimentos entre horas, tendremos más períodos de acidez en la boca. Por estas razones es que se debe evitar comer a cada rato e ingerir  dulces después de las comidas. En caso que lo hagamos, se recomienda beber agua, masticar un chicle sin azúcar o incluso comer un poco de queso, para ayudar a los dientes a regresar a ese nivel seguro de acidez.

El azúcar y el ácido son los principales enemigos. La frecuencia de exposición al azúcar es clave para el desarrollo de caries. Se recomienda tener cuidado con los alimentos aparentemente incocentes pero que tienen azúcar escondido, como los jugos de fruta, los cereales o algunas comidas precocidas. Es mejor comer una naranja que beber un jugo de naranja embotellado. La leche es otro de los alimentos que puede traicionar, particularmente en los niños: si bien su contenido en calcio lo hace recomendable para los dientes, también contiene azúcar. Algunos niños se quedan dormidos con el biberón en la boca o no se cepillan los dientes después de beber leche y eso también contribuye a la formación de caries. Cuando se toman jugos o te de frutas, es mejor beber un vaso de agua inmediatamente después para así enjuagar la boca y diluir el ácido. No es recomendable cepillarse los dientes durante la hora después de tomar una bebida acídica, porque el ácido suaviza el esmalte dental y con el cepillado puedes dañar esa capa dental protectora.

dientes sanos

Cuándo y cómo lavarse los dientes. Cepillarse inmediatamente después de comer, y sobre todo después de comer algo ácido, puede perjudicar al esmalte dental. Sí hay que hacerlo después de cada comida pero, dejando pasar un tiempo (unos 35 – 40 minutos). Para un buen cepillado dental se recomienda tener un método : empezar en una esquina de la boca e ir cepillado lentamente y uno por uno cada diente, “como haciéndoles cosquillas”, hasta llegar a la otra esquina. Cepillarlos durante 2 minutos, 2 veces al día, y finalmente no enjuagar la boca al final, sólo escupir. Así, el flúor se queda en los dientes y los mantiene saludables.

Limpieza profunda, con protección de cavidades, con limpieza avanzada, refrescante, especial para niños, para dientes sensibles… Hay miles de productos de higiene dental, desde pastas y enjuagues hasta cepillos, que hacen todo tipo de promesas… pero ¿realmente funcionan? Si tenemos un buen cepillo de dientes manual, una pasta con fluor y nos lavamos los dientes durante 2 minutos, 2 veces al día, cubriendo bien toda la superficie de los dientes y encías, estaremos haciendo todo lo necesario. El resto de productos que muchos tenemos o que alguna vez hemos comprado relmente no hacen una diferencia importante, ni aportan grandes beneficios.

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