Home » Bienestar » La importancia de aprender a discutir sin pelear

Está claro que por más perfecta que sea nuestra pareja y por más amor que nos tengamos, siempre van a existir diferencias. Es imposible coincidir todo el tiempo con el otro, básicamente porque somos dos personas distintas que tenemos nuestros propios pensamientos. La pareja es un intercambio de ideas constante en busca de un equilibrio en común, pero por más lindo que suene en la teoría en la práctica no es tan simple.

No está mal discutir, pero cuando las discusiones conducen sí o sí a una pelea, estamos sin duda, frente a un verdadero problema. Si ninguno de los dos puede aceptar la diferencia en el otro, la relación se vuelve tirante y se expone continuamente al quiebre. Esto sucede porque cuando una pareja que no puede discutir sin pelear pone en juego su elemento más sagrado: el diálogo. Toda relación se sostiene en su comunicación. Cuando esto representa un obstáculo, se vuelve imposible compartir lo que pensamos con la otra persona, acotamos todos nuestros recursos como pareja para lograr comprender qué es lo que nos quiere transmitir el otro. Por lo tanto, no se trata de evitar la discusión, sino de poder manejar el desacuerdo.

Desde ya que no hay una receta o un truco para que una pareja pueda ampliar sus parámetros de comunicación, pero sí hay pautas que son claves para que pueda crecer su nivel de diálogo, y contar con el manejo de las mismas, siempre suma a la hora de lidiar con las diferencias.

cómo discutir sin pelear

Algunos consejos importantes a tomar en cuenta:

  • Saber ajustar nuestro ego. Si cada desacuerdo que tenemos con el otro, nuestro ego lo vive como una herida narcisista, es muy difícil lograr corrernos de la pelea, porque vamos a leer toda diferencia como algo que nuestra pareja nos hace en contra. Debemos lograr armar una visión común en base a nuestros puntos distintos, no insistir en que el otro piense, sí o sí, igual a nosotros.
  • No olvidar cuál es el fin. La pelea nunca presenta soluciones y distorsiona todos los planteos. No podemos perder de vista que el consenso debe ser nuestro objetivo. Ver lo distinto como parte de la relación, no como un conflicto a punto de estallar. Lograr comprender las diferencias desde la aceptación, siempre nos acerca al acuerdo, no porque las mismas se borren, sino porque nos permite respetarnos como dos personas con criterios propios que construyen un vínculo.
  • Discutir nunca es agredir. La discusión tiene que estar orientada a poder expresarnos y, a su vez, a comprender qué es lo que piensa el otro. Se trata de un esfuerzo genuino de intentar exponer nuestras miradas sin que el caos se apodere de la situación. Para esto, es necesario que no se descalifique el discurso de ninguno de los dos. Poder hablar libremente sin dejar que el enojo opaque el diálogo es abrirnos hacia la empatía que conlleva toda relación.
  • Registrar cómo decimos lo que queremos decir. Muchas veces no es el contenido, sino el modo en que lo comunicamos. Debemos tener en claro cuáles son nuestras reacciones que entorpecen el debate a la hora de discutir. Poder identificarlas es el puntapié para comprender en qué nos estamos equivocando, y así empezar a crear nuevas herramientas para lograr expresarnos.
  • La discusión es parte de toda relación, la pelea constante no. Si no sabemos la diferencia, tarde o temprano, el vínculo se desgastará tanto que no tendrá sentido ningún intento para manejar desacuerdos. Es importante aprender a discutir porque una pareja sin diálogo no puede evolucionar, se queda instalada en el enojo, en los orgullos heridos. La dinámica de su comunicación siempre dependerá de los dos, y es fundamental no ignorarla, ser conscientes cuando la misma es disfuncional. Entender en qué estamos fallando es la puerta al cambio, tal como dice Carl Jung: lo que negamos, nos somete; pero lo que aceptamos nos transforma.
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