Home » Actualidad » La gran importancia que tienen los lazos sociales

La socialización es un pilar en la vida humana. Las conexiones sociales son tan importantes para nuestra supervivencia y desarrollo como la comida, la seguridad y la vivienda. Pero durante los últimos 50 años, mientras la sociedad ha crece más y se vuelve más próspera e individualista, nuestra conexiones sociales se han disuelto.

Las relaciones interpersonales son una parte central en la vida de todos nosotros (guse o no, así son las cosas…) El hombre es un ser social por naturaleza, aquel que no sea capaz de seguir una vida común o es completamente autosuficiente y por tanto no es parte de una sociedad, es un animal o es un dios.

Los científicos han debatido durante mucho tiempo a qué se debe el tamaño del cerebro en los humanos. El antropólogo Robin Dunbar ha encontrado que la capa más exterior del cerebro, la neocórtex, es el indicador más importante del tamaño cerebral de las especies y se relaciona estrechamente con el tamaño de su grupo social. Los humanos tenemos un cerebro grande con relación al tamaño de nuestro cuerpo porque nos sirve para socializar.

Los científicos creen que los primeros homínidos con cerebros tan grandes como el de nosotros aparecieron hace aproximadamente 600 mil o 700 mil años en África. Conocidos como Homo heidelbergensis, especie que se cree antecesora al Homosapiens y a los neandertales. Reveladora, parecen ser los primeros homínidos en tener una división del trabajo –cazaban en grupo– y campamentos centrales, además de enterrar a sus muertos.

Cada vez que no estamos haciendo alguna actividad, como el lapso entre resolver un problema y otro, o cuando estamos descansando, el cerebro cae en una configuración neuronal llamada “red neuronal por defecto”. Ésta nos lleva a pensar acerca de la mente de otros: pensamientos, sentimientos y metas. Cuando sea que tenga un momento libre, el cerebro tiene un reflejo automático de ser social. ¿Por qué el cerebro que conforma sólo 2% de nuestro peso corporal y consume 20% su energía, emplea sus recursos limitados en razonamiento social en lugar de conservarla relajándose?

La evolución ha hecho una apuesta… de que lo mejor que puede hacer nuestro cerebro en cualquier rato libre es prepararse para lo que viene en términos sociales. La evolución sólo hace apuestas si hay beneficios, y ser social tiene varias recompensas. Tener lazos sociales fuertes es tan bueno para uno como dejar de fumar. Conectar con otras personas, incluso en las formas más básicas, también nos hace más feliz.

Un estudio encontró que el centro de recompensa del cerebro, que se enciende cuando las personas sienten placer, era más activo cuando la gente da que cuando recibe y, además, reconfortar a alguien en crisis activó el centro de recompensa de manera poderosa.

No hay que ser un científico o un especialista en el tema para saber lo mucho que llega a dolor una ruptura amorosa. La pérdida social y el rechazo son más dolorosos de lo que podríamos imaginar.

La parte más interesante de ciertos estudios apuntan a cómo los cerebros procesan el rechazo social. Para el cerebro, el dolor social se siente parecido al físico –un corazón roto puede sentirse como una pierna rota y, si bien son evidentemente, dos formas distintas de dolor, las razones evolutivas de que el cerebro procese estos tipos de dolor de manera similar, descansan en la función del dolor como alarma. El dolor social es una señal de que estamos solos y vulnerables y necesitamos crear nuevas conexiones para protegernos a nosotros mismos ante los riesgos de la vida.

Las conexiones sociales son tan importantes para nuestra supervivencia y desarrollo como la comida, la seguridad y la vivienda. Pero durante los últimos 50 años, mientras la sociedad  crece más y se vuelve más próspera e individualista, nuestra conexiones sociales se han disuelto. Nos casamos menos, nos separamos más,  tenemos menos hijos, raras veces somos anfitriones en nuestras casas, cada vez tenemos menos amigos cercanos con los que compartimos detalles íntimos de nuestras vidas. Negamos nuestra naturaleza social y pagamos un precio por ello. Durante el mismo periodo de tiempo que el aislamiento social ha incrementado, nuestros niveles de felicidad se han disminuido y los índices de suicidio y depresión se han elevado.

Las personas sacrifican sus relaciones personales por la persecución del dinero sin darse cuenta que el “éxito” y la felicidad y el bienesar personal se encuentra dentro nuestro. Como bien dice el refrán “hay cosas que la plata NO puede comprar”. El dinero puede ser un medio pero nunca un fin, porque es entonces cuando esamos perdidos…

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