Home » Bienestar » La fobia social: un trastorno de ansiedad

Los temores a la hora de relacionarse y de enfrentar algunas situaciones constituyen una enfermedad que requiere ser tratada, y cuyo promedio de inicio oscila entre los 14 y 20 años.

La fobia social o el trastorno de ansiedad social es el temor que aparece en ciertas personas a la hora de enfrentarse o relacionarse con otros seres humanos. Hablar en público, dar exámenes, asistir a reuniones sociales, tener una cita amorosa, dialogar con personas con autoridad, expresar desacuerdos, mirar a los ojos, comer o bebe en lugares públicos, son algunos de los miedos más recurrentes que manifiestan quienes poseen fobia social.

El trastorno de ansiedad social es una enfermedad cuyo inicio se da en la infancia tardía o principios de la adolescencia, cuando la necesidad de socializar y relacionarse se vuelve más imperativa. La edad promedio de inicio varía entre los 14 y los 20 años y, aproximadamente 1 de cada 8 personas lo padece.

El trastorno de ansiedad social (TAS) no se manifiesta en la misma manera en todos. Una persona puede sentir un miedo intenso a una sola circunstancia, como hablar en público, pero puede sentirse muy relajada en otras actividades. Hoy, se considera que existen 2 tipos de TAS : es generalizada cuando se presenta en todas las situaciones sociales y, específico cuando se da en algunas de ellas. El origen de estos comportamientos tiene su raíz en elementos biológicos (vinculados con las reacciones de la amígdala cerebral y su capacidad de estar en alerta y detectar peligros) y, psicológicos, acompañados de baja autoestima y perfeccionismo, situación que los lleva a estar alertas constantemente de sus propios movimientos, expresiones y comentarios.

El curso de la fobia social acostumbra a ser crónico o continuo. A menudo persiste durante toda la vida, si bien a veces remite total o parcialmente en el transcurso de la edad adulta. La intensidad del trastorno y sus consecuencias en la actividad diaria dependen principalmente de los acontecimientos vitales estresantes y de las exigencias sociales del lugar o de la profesión.

Los síntomas físicos que padecen estos individuos son sudoración, temblores en las manos, cambios en el tono de voz, sensación de ahogo y falta de aire, tensión muscular, enrojecimiento de mejillas, aparición repentina de manchas coloradas en el cuello y escote, y hasta a veces, mareos y temblores en piernas, malestar gastrointestinal y palpitaciones. Con relación a las señales psicológicas,  ser percibe un temor excesivo e irracional de actuar en forma negativa frente a los demás. Esto provoca ansiedad y, como defensa, la persona evita situaciones sociales. Se llenan de razones que justifiquen los síntomas diciendo frases como “Es mi manera de ser, siempre fui tímido”, que lo único que hacen es tapar el miedo limitando la vida de quien padece esta enfermedad.

La experiencia clínica muestra que concurren a consultas médicas una misma cantidad (o incluso mayor) de hombres y mujeres. Esto sucede porque los hombres usan diferentes estrategias que las mujeres para sobrellevar este trastorno : es más probable que ellos consuman más alcohol para aliviar el problema. De esta manera los síntomas quedarían oculto y se llegaría así a un diagnóstico insuficiente. Las mujeres, en cambio, pueden elegir aislarse en el hogar, adaptándose así a las limitaciones del trastorno.

Las consecuencias de este trastorno suelen generar un alto impacto psicosocial para quienes padecen esta enfermedad. En lo referente a la esfera laboral tienen menor probabilidad de ocupar cargos de acuerdo con su potencial. Con relación a la educación, se evidencia una baja probabilidad de graduarse, mientras que en lo social, se manifiesta una menor posibilidad de conformar una pareja.

Es importante que los familiares estén atentos a los síntomas y no confundan los trastornos con la timidez. Y que tomen conciencia de que se está en presencia de una enfermedad que necesita ser diagnosticada y tratada como corresponde.

Los especialistas sostienen que el tratamiento para dejar atrás este padecimiento se puede dividir en 2 partes:

  • Psico-educación: tiene que ver con darle tanto al paciente como a sus familiares, toda la información acerca de la enfermedad en forma clara y concisa
  • Terapia Cognitiva-conductual: se trabaja directamente con las creencias y los pensamientos de cada paciente. Se utilizan técnicas específicas para romper con ese miedo de que todo lo que haga lo va a hacer sentirse humillado. El aprendizaje de técnicas le otorga al paciente nuevas herramientas que le permite darse una oportunidad de decir “puedo esto, lo intento”, y no perderse en el camino de la exigencia, de la perfección, que lo único que hace es reasegurar su inseguridad y sus miedos.
  • Terapia Comportamental: apunta a modificar los comportamientos para influenciar en el cambio de los pensamientos de estos pacientes.

Por último, para aquellos pacientes que lo requieran, el médico podrá recetar medicamentos efectivos como los ansiolíticos, y los inhibidores de la seratonina (neurotransmisores que se encuentran en varias regiones del sistema nervioso central y que tienen mucho que ver con el estado de ánimo), y de la monoaminooxidas (enzima responsable de oxidar aminas como la noradrenalina y la adrenalina).

SHARE WITH FRIENDS: