Home » Actualidad » ¿Existe el sexto sentido?

El tan comúnmente denominado “sexto sentido” puede hallarse en el camino conductual de la intuición.

La intuición es activada por nuestro cerebro casi automáticamente, pero la activación de la intuición necesita ser verificada en la realidad cotidiana, de modo lógico-racional para que pueda ser utilizada adecuadamente. Sino, corremos el riesgo de mirar el mundo exclusivamente por el sesgo de nuestra percepción, lo que a menudo lleva a distorsiones e incomprensiones en la interacción con los demás. Por eso, los presentimientos necesitan ser tomados siempre con mucha cautela.

La intuición es una habilidad presente en todos nosotros. Se trata de intentar llegar a un conocimiento que está implícito en alguna situación, sin que eso sea hecho de forma consciente, esto no tiene nada de místico. Lejos de ser algo “mágico”,  la intuición es fruto de un conocimiento que ya se ha adquirido y que puede ser recuperado en cualquier momento. Es conocimiento que adquirimos, que no sabemos que lo hemos adquirido y funciona en el campo fuera de la conciencia.

Esto explica por qué sucede en el campo del inconsciente:

La mayor parte de nuestra actividad cerebral se da fuera del campo de la percepción consciente. Es decir, el cerebro adquiere un conocimiento en el consciente y luego lo pone fuera, en el inconsciente. Así, tiene más espacio para adquirir otros conocimientos. Nuestra capacidad de procesamiento consciente es limitada, y el cerebro necesita dejar a un costado algunos conocimientos adquiridos para poder procesar la nueva información.  Caso contrario, nos saturaríamos (imagináte tener noción de toda la información que ves durante un día, de todas las caras, de todos los autos que se nos cruzan, de todas las palabras que escuchás).

El cerebro va a buscar ese conocimiento en nuestra “biblioteca mental” para utilizarlo cuando sea necesario. Todo este proceso utiliza varias habilidades, incluyendo, especialmente, la atención y la memoria.

Otras investigaciones más profundas realizan una distinción entre los cerebros masculinos y femeninos y en las mismas se han observado que el conectoma (mapa que contiene todas las rutas de conexiones del cerebro) de las mujeres es muy diferente del de los hombres. Es una diferencia anatómica hormonal sexual.

En el hombre predominan las conexiones que van desde la parte anterior o frontal de cada hemisferio hasta la parte posterior del hemisferio correspondiente, es decir que predominan las conexiones en un mismo hemisferio. Estas conexiones facilitan particularmente la comunicación entre las áreas neurológicas de la “percepción” y las encargadas de la “acción”. Esto sugiere que en el género masculino se encuentran facilitadas las acciones directas, fundamentalmente de tipo físico, y una tendencia a la acción. Esto se condice con nuestro pasado evolutivo, ya que fueron los machos los que salieron a cazar para conseguir alimento y también los más agresivos físicamente. Estamos más preparados para la pelea directa y manifiesta.

En las mujeres, se muestra no solo un número importante de conexiones en un mismo hemisferio cerebral sino que presentan un mayor número de conexiones interhemisféricas que pasan por ese puente o cuerpo calloso y unen ambos hemisferios. Este mayor cableado entre el hemisferio izquierdo y el derecho facilita la integración de las funciones “analíticas” del izquierdo con las funciones “intuitivas” del derecho.

El ser humano posee varias herramientas para interactuar socialmente.

Para convivir en sociedad, necesita entender los mensajes que son transmitidos por las otras personas, y su inmensa mayoría es a partir de un lenguaje no verbal. La lectura correcta de señales sutiles de expresión emocional o incluso la capacidad de “intuir” lo que el otro está pensando es fundamental para ofrecer la respuesta adecuada a la situación. Un niño con pocos meses de edad ya es capaz de reconocer expresiones faciales, es decir, “intuir” lo que significan y reaccionar a eso. A medida que crece, desarrolla y perfecciona esa capacidad interactiva.

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