Home » Psicología » Del acoso a la violencia hay una estrecha brecha

En la mayoría de los casos es común, e incluso normal sentirnos apenadas por el sufrimiento de otra persona, es entendible que una busque el bienestar del otro, y que logre superar la situación. Es natural no querer que otros sufran y es normal desear mejorar la situación. Sin embargo nuestro bienestar debe ser siempre nuestra prioridad, porque en caso contrario lidiar con un acoso empieza a afectar nuestra vida y nuestra paz. Quienes sufren deciertos acosos más leves, le restan importancia y se despreocupan.

Amenazas, acosos, presiones, insistencias, llamadas y mensajes indeseados, amenazas de suicidio, etc. Cualquiera de estas actitudes debe ser visto como una alerta grave en nuestras vidas. Todas y cada una de estas acciones debe ser denunciada y restringida inmediatamente para tomar precauciones. Hay que dar importancia a estas situaciones sin escandalizarse ni tener miedo. Mientras más pronto se pongan límites más fácil será detenerlas. Es muy probable que muchas de las amenazas no se cumplan pero ese tipo de actitudes son dañinas y no debemos permitirlas en nuestras vidas.

Por otra parte, si no se toma acción alguna, puede que el acosador disminuya su accionar y una se termina relajando hasta que de repente, un día, sin esperarlo, surje el ataque. Puede ocurrir en la vía pública o de noche antes de entrar a nuestras casas: el acosador pasa a los golpes y a realizar ataques brutales que pueden tranquilamente terminar con la vida de la victima.

Las que han padecido maltrato físico durante un buen tiempo suelen estar abrumadas por el sentimiento de vergüenza. Éste puede ser tan poderoso y paralizante que nos impide tomar acciones al respecto. Es muy común que restemos valor a lo que ocurre y con eso esperamos olvidar que ocurrió. Sin embargo es mejor buscar la ayuda apropiada para superar los daños emocionales que eso nos pudo haber causado. Caso contrario, un acoso y ataque termina por quedarse en nuestro subconsciente y no lo procesamos.}

Es por eso que hay que estar atentas a las conductas y actitudes que nos dan señales de acoso por parte de nuestras parejas o ex parejas. Si llegamos a creer que no ocurrirá nada más que eso, estamos equivocadas. Esas actitudes son alertas a las que debemos prestar atención y buscar ayuda. No debemos aceptar ninguna acción de acoso o insistencia. Nadie puede obligarnos a hacer nada que no queramos y debemos impedir, al primer intento, que las situaciones se repitan, incrementen o empeoren.

Ees importante prestar atención a lo que estamos viviendo y escuchar atentamente lo que nuestras amigas nos cuentan de sus vidas. Ayudar a otras a detectar los síntomas de acoso y apoyarse mutuamente o en grupo y no permitirse ni dejar que otra sienta vergüenza. Siempre se debe hablar, la comunicación es la base de todo, unirse, buscar ayuda, informarse en centros que tratan temas de maltrato, y hasta escuchar con atención las historias de otras personas,para luego compartir esa información con más mujeres. Juntas nos informamos, nos apoyamos y nos aconsejamos. Pero sólo de manera conjunta se puede detener el acoso y la violencia.

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