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La belleza es el atributo que reconocemos en lo hermoso. Algunas de las cualidades que tradicionalmente se le atribuyen son la armonía, la proporción, la simetría y la perfección, así como la capacidad para agradar a la vista y al oído, y para cautivar al espíritu. Al mismo tiempo, sabemos que nuestros gustos son diferentes a los de los demás. Por este motivo podemos decir que nuestra percepción de la belleza es siempre una experiencia subjetiva. Esa experiencia tiene mucho que ver no tanto con lo que “es” sino con lo que se “percibe”, con lo que se transmite y puede variar no sólo de un individuo a otro, sino entre las distintas culturas y a lo largo de cada época. Esto lleva a plantearse, entonces, qué parámetro de belleza elegir o qué modelo de belleza propio construir basado en nosotras mismas, en nuestros gustos, nuestros sentimientos y nuestra plenitud.

cultivando la propia belleza sin artificios

Como sujetos sociales estamos permanentemente expuestas a los mensajes e imágenes disponibles en nuestro entorno y hoy en día los parámetros de belleza que prevalecen desde el ámbito de la publicidad se nos presentan como inalcanzables para la mayoría de nosotras. Sin embargo gastamos fortunas y muchas veces nos pasamos horas tratando de conseguir parecernos a un ideal que poco y nada tiene que ver con nuestra morfología corporal, ni con nuestra edad, estilo de vida o nuestras aspiraciones personales.

Quienes cultivan una idea de belleza sin artificios, más natural, sincera y honesta, proponen bajar las exigencias para encontrar una zona más confortable y real a partir de lo que verdaderamente somos como mujeres. Entender nuestra psicología, nuestros deseos genuinos y buscar un estilo propio que nos haga sentir más felices. El concepto se refiere a aceptarte tal cual sos, a destacar y no tapar u ocultar cualidades, sean físicas o de temperamento. La honestidad es lo que te permite establecer relaciones genuinas y duraderas con los demás. Si vendés una imagen que no sos, al tiempo se cae. Esto te pasa en el amor, en el trabajo y con los amigos.

El objetivo es lograr un equilibrio entre lo que nos pasa por dentro y lo que mostramos hacia afuera. En cuestión de belleza y plenitud es muy importante complementar el cuidado de nuestro espíritu y nuestros sentimientos con el cuidado de nuestro cuerpo y nuestra apariencia. Ambos aspectos de nuestra persona son complementarios, por lo tanto sentirnos plenas por dentro nos va a ayudar a irradiar belleza y cuidarnos por fuera, ocuparnos de nuestro cuerpo y de nuestra salud nos va a ayudar a estar plenas. Es una retroalimentación positiva, de afuera hacia adentro y de adentro hacia afuera.

Muchas veces pensamos que lograr lo que queremos puede ser demasiado difícil o que el paso del tiempo es demasiado cruel, sin embargo debemos recordar que todo se consigue cuando uno se lo propone y hace lo necesario. Nuestro cuerpo va guardando y marcando registro de todo lo que nos sucede, ese registro a veces nos molesta, nos incomoda pero también es la muestra de lo que vivimos, de los hijos que tuvimos, de las experiencias que generamos y eso, la construcción de nuestra historia, con todas las marcas que eso deja, es lo que nos va a hacer ver radiantes y honestas.

La buena noticia es que en ambos aspectos tenemos muchas herramientas que podemos utilizar para destacar nuestros mejores atributos y mejorar o disimular aquellos que no nos gustan tanto.

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