Home » Belleza y Salud » ¿Cómo logro una buena limpieza facial?

El hecho de que la piel de nuestro rostro tenga una apariencia fresca, con tono homogéneo y libre de marcas e imperfecciones, es el objetivo de casi todas las mujeres. Y, aunque muechas tienen esa suerte de “genética”, para poder igualmente conseguirla hay que comenzar por el ABC de la rutina de belleza: la limpieza. Un gesto básico, pero con una importancia fundamental tanto en el corto como en el largo plazo, por lo que hay que prestarle especial atención. Limpiar bien la piel favorece que a diario luzca despejada y saludable y colabora para que en el futuro tenga menos rastros del paso del tiempo como manchas, líneas de expresión o arrugas. Porque, entre otras cosas, cuando se limpia la piel se retiran las impurezas y se desobstruyen los poros.

Como en la piel se acumula mucha más suciedad de la que vemos, conviene que el proceso de limpieza sea profundo y en dos pasos. El primero para quitar las impurezas más gruesas que se acumulan sobre la superficie, como pueden ser restos de maquillaje, protector solar o polvo ambiental, y el segundo, para trabajar en mayor profundidad sobre los poros.

Mientras que para el primer paso se puede recurrir a un demaquillante efectivo o a la acción de las toallitas especialmente diseñadas para eliminar hasta la suciedad más resistente, para el segundo hay que aplicar productos de limpieza específicos según el tipo de piel. Por ejemplo, geles de limpieza adecuados a nuestro tipo de piel : hay algunos que contienen pomelo, ideales para pieles más grasas, con puntos negros y granitos, mientras que otros son especialmente diseñados para pieles delicadas, secas y sensibles. La suma de ambos pasos, y una sabia elección de productos, asegurará que el rostro luzca luminoso, suave y terso.

Este ritual debe repetirse dos veces por día, a la mañana y a la noche. Apenas nos levantamos es esencial para eliminar el exceso de grasitud y sudoración que se produce durante la noche y dejar la piel limpia para poder aplicar una hidratante, el protector solar y el maquillaje, y estar radiante durante toda la jornada. A la noche es menester quitar la suciedad del día y preparar la piel para que se oxigene durante las horas de sueño, cuando suceden los procesos más importantes de reparación cutánea, y para la aplicación de productos terapéuticos y restauradores de las imperfecciones. En ese momento, es cuando las células reciben mayor cantidad de O2 y los tejidos de la piel se regeneran más rápido, contrarrestando las agresiones sufridas durante el día. Estos cuidados y las ocho horas de sueño son aliados imbatibles contra el envejecimiento prematuro de la piel.

Además, es bueno tomar en cuenta que para que la piel luzca aún más espléndida, a la rutina de limpieza diaria conviene completarla con una exfoliación suave dos o tres veces por semana. De esta forma se remueven, en forma más eficiente, las células muertas de la piel y luce profundamente despejada.

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