Home » Psicología » Ciertas “leyes” explican por qué el amor en pareja es tan complicado

¿Por qué nos cuesta a los seres humanos mantener relaciones de pareja adecuadas y felices?

¿Cómo es esa escalada de conflictos en las parejas y de dónde emergen los malos entendidos que llevan a conductas agresivas?

Existen una serie de leyes que explican los fenómenos amorosos más variados y destructivos como los celos, la rivalidad, la envidia, los triángulos amorosos, el donjuanismo, la violencia doméstica y el apego. Lo que diferencia un deseo de una necesidad es que el deseo no tiene fin a no ser que medie una decisión del neocórtex frontal, es decir, de la voluntad humana, nuestra parte más evolucionada. ¿El deseo yerra hacia lo imposible hasta que la razón le pone un freno? En esta trampa que sopesa razón y corazón y que se ilustra tantas veces como una lucha interior en la que hay que elegir, radican algunas claves de la cuestión.

 

1 – Tu deseo no es espontáneo ni original, sino copiado de otro

Todo deseo humano es prestado (copiado) por parte del que (generalmente ignorándolo) se convierte en modelo. La observación atenta nos permite rastrear quiénes, en el pasado, fueron los modelos que nos designaron nuestros objetos amorosos, deseándolos ellos primero. La propaganda romántica nos lleva a creer en la mentira de que deseamos desde un fondo personal o individual que nos hace originales o genuinos (nuestro yo) o por las características intrínsecas de belleza, estética, glamour o atractividad del objeto amoroso. ¡Nada más lejos de la realidad! Consecuencias: la base triangular de todo deseo amoroso es la fuente de todo el sufrimiento inefable de los “amores locos”. Resulta esencial reconocer mis triángulos amorosos como origen y base de mis deseos si deseo vivir en la verdad y aplicar la sabiduría interior mis relaciones.

2 – Tu deseo depende de un modelo, seas o no consciente

Es frecuente que se conviertan en modelos aquellos que conviven más cerca física o emocionalmente de nosotros: nuestros padres, hermanos, profesores, amigos, colegas del trabajo o parejas. De ahí que nuestros modelos suelen ser los seres humanos más cercanos a nuestra vida. La confluencia de los deseos entre modelo e imitador es por lo tanto algo esperable y no algo excepcional. Pensamos, sentimos, opinamos y deseamos cosas parecidas a las personas con las que interactuamos más. Consecuencias: el carácter mimético del deseo es potencialmente conflictivo. El riesgo de entrar en pelea con nuestros modelos es elevado, toda vez que dos personas desean lo mismo al mismo tiempo. Las rivalidades y los conflictos aguardan habitualmente a quien imita y a su modelo en el momento que alguno de los dos o ambos a la vez deciden reservarse el objeto de deseo para ellos mismos en exclusiva. De ahí los odios y las broncas de los que antes eran mejores amigos o parejas.

3 – Tu deseo se refuerza si encuentra oposición o dificultad y se debilita y desaparece tras su consecución

El deseo humano es más intenso cuantos más modelos confluyen y desean ese objeto a la vez. La belleza o la escasez de los bienes o las tendencias de la moda no solo están en el ojo de quien mira, sino sobre todo en la suma del número de quienes desean lo mismo. Lo mismo le ocurre a la chica a la que todos los chicos desean. Ella es la más intensamente deseada, por el mismo hecho de que muchos la desean. Consecuencias: el deseo amoroso es tanto más intenso como sean la dificultad, el obstáculo o los esfuerzos que son necesarios efectuar real o implícitamente para alcanzarlo. La disonancia cognitiva explica por qué muchas personas se esfuerzan una y otra vez en contratar psicológicamente su fracaso y su derrota amorosa entrampándose en sucesivas relaciones imposibles, conflictivas o incluso traumáticas. Cuanto mayores sean las dificultades por alcanzar a la persona que creo que me gusta, más grande será mi deseo.

La consecuencia más terrible de esta “locura quijotesca” es que el deseo más intenso nace de la persecución del objeto amoroso más imposible. Esto es destructivo y la explicación del mal denominado “masoquismo amoroso”. Muchas personas quedan prendidas y prendadas de deseos intensos por los objetos amorosos más imposibles, precisamente porque son inalcanzables, entablando relaciones afectivas con narcisistas extremos, mujeres fatales, bad boys y psicópatas integrados. La repetición compulsiva de este esquema a lo largo de una vida los lleva a confundir el amor con el maltrato, y la pasión con el menosprecio y las broncas permanentes, quedando ofuscados por el carácter tormentoso o dificultoso de sus relaciones, tanto más deseables cuanto más dolorosas.

4 – La mutua imitación entre tu pareja y vos crea el doble vínculo mimético o reciprocidad

Siendo el deseo siempre mimético, la imitación del imitador sobre el modelo puede y suele revertirse produciéndose un doble vínculo en el que el imitador se transforma en el modelo y el modelo se transforma en el imitador. El doble vínculo mimético por el que cada uno se convierte al mismo tiempo en imitador y modelo para el otro puede convertir una relación de pareja en un paraíso o, por el contrario, en un infierno en la tierra. La mutua imitación de gestos delicados, caricias, cuidados o piropos puede transformarse en una mutua imitación de insultos, reproches, menosprecio, indiferencia o violencia. Consecuencias: el doble vínculo produce alternativamente escalamientos de afecto o escalamientos de violencia. La reciprocidad positiva puede quedar sustituida por la reciprocidad negativa. Será cuestión de ver y detectar el mecanismo mimético que genera este riesgo y elegir voluntaria y racionalmente el primer caso.

Otro de los efectos del doble vínculo a evitar será el problema de la envidia dentro de la pareja, que es una causa de ruptura más frecuente de lo que se piensa. Las parejas se encuentran en riesgo de competir y rivalizar por todo tipo de deseos que pueden terminar copiándose mutuamente: el afecto de los hijos, el éxito profesional en sus carreras o trabajos, la popularidad, la valoración o el aprecio de las amistades comunes… Este tipo de rivalidad o competitividad interna genera como subproducto la envidia que horada y socava muy secretamente las relaciones a un nivel poco conocido.

5 – La mutua imitación o reciprocidad negativa los condena a un conflicto sin motivo

A partir de un determinado momento, la rivalidad ya no versa sobre el objeto del litigio (hijos, plata, casa), sino sobre el otro miembro de la pareja al que hay que ganar, vencer, someter o sojuzgar a toda costa. Consecuencias: En todas las guerras domésticas, el objeto de la querella termina desmaterializándose ante nuestros ojos. En los divorcios, llegados este punto, no importan ya ni la custodia de los niños, ni la casa común, ni nada. En ese momento, la pelea solo sirve para destruir y aniquilar al otro miembro de la pareja, transformado en un adversario. Debido a su propio mimetismo, los antagonistas quedan mutuamente fascinados, creyendo en la maldad intrínseca de otro y pierden de vista el objeto.

6 – Tu mecanismo mimético te conduce a creer en dos mitos: la culpabilidad del otro y la percepción de que fue él quien empezó la bronca

Con el final de este proceso en el que desaparece todo objeto de la contienda violenta, nacen los mitos. Los mitos son la historia que nos contamos a nosotros mismos para poder entender algo que nos resulta incomprensible. Pretendemos así obtener una explicación y dotarnos de una representación del problema que nos está ocurriendo que tiene rara vez en cuenta la ceguera mimética propia. El otro miembro de la pareja en conflicto es el malo, el sinvergüenza, el malintencionado, el perverso, etc. La percepción del mito de la maldad del otro es tan sincera como falsa. Consecuencias: Son las pequeñas asimetrías, los fallos en la comunicación, los errores en la transmisión de información, los olvidos, despistes o descuidos entre las parejas los elementos que suelen incendiar el conflicto y dar lugar a un rápido proceso de escalamiento mimético que instala la reciprocidad negativa sin que ninguno de los dos advierta lo mecánico y trivial del proceso imitativo en el que están embarcados.

De la no correspondencia en el afecto, el cariño y el cuidado, se pasa a la mutua indiferencia, y de ahí se salta con facilidad al odio, al acoso y por último a la violencia mutuamente destructiva. Este proceso mecánico y desconocido por todos los que están inmersos en él da lugar al fenómeno observado mil veces por quienes investigamos la violencia, de que, de buena fe, ambos contendientes en la pareja cuentan que “fue el otro el que empezó”.

7 – El escalamiento violento fundamentado en la imitación mutua termina con la destrucción mutua asegurada.

La reciprocidad violenta junto a la desaparición del objeto de rivalidad explican que al final el objetivo de destruir al otro sea el único elemento que une a los dos contendientes en la batalla conyugal. Lo que los une es la violencia mutua. Consecuencias: en medio del escalamiento mimético llega un momento en el que alguno de los dos decide destruirse para destruir al otro. Los modos de hacerlo suelen ser muy variados. En este caso, la estrategia es siempre alguna versión del “morir matando”. Aún mejor, “morir para poder matar”. Destruirse mediante el alcohol, las drogas, la adicción al trabajo o incluso mediante la generación inconsciente de enfermedades oportunistas que tienen como objetivo ante todo dañar al otro miembro.

Caucasian couple arguing on sofa

Preguntas que tendrías que hacerte antes de separarte

Vínculos humanos, vínculos frágiles en el siglo XXI, ya lo decía Zygmunt Bauman en “Amor líquido”. En épocas donde las familias se arman y desarman, se disuelven para formar nuevas estructuras “ensambladas”, pareciera que la primera opción frente a los desafíos de estar en pareja es irnos, justamente, de la vida de pareja. Salir raudamente propulsados al cambio –a la soledad o a lo nuevo-, y adiós, si te he visto, no me acuerdo.

No son pocos quienes se cuestionan :  “¿Cómo terminé de novio de nuevo sin siquiera saber que lo estaba?”

Tampoco se trata de retener al infinito una relación que no va más, plantear esto sería un absurdo. Se trata de frenar un segundo antes el acelerador para saber si el problema está adentro o afuera, dudar de “la creencia en que separarse solucionará todos los problemas sin ver cuánto se arriesga en el camino”. No sea cosa que, por no calzarnos las botas y meternos en el barro de nuestro propio corazón, nos dispongamos a repetir ciegamente el mismo error con todas las parejas, hasta el infinito.

Algunas preguntas que deberíamos hacernos:

1. Estabilizar tu vida te va a llevar cuatro, seis, tal vez ocho años, ¿estás dispuesto a tener paciencia?

2. ¿Sabés que separarse implica multiplicar los ingresos, no dividirlos? ¿Estás dispuesto a afrontar esta situación económicamente?

3. ¿Sabés que las sirenas que te llaman te hundirán? En algunos años puede que estés repitiendo la historia. ¿Te pusiste a pensar que el problema quizá sos vos?

4. ¿Sabés que si tenés 40 o estás cerca, la crisis es con vos mismo y no con tu pareja?

5. ¿Sabés que después del auto, los juguetes, la moto, el cambio de look, volver a estar flaquito(a), te va a tentar separarte?

6. La crianza se complica -y el rol de padre/madre no se negocia-, ¿estás dispuesto a resolver responsablemente y como un adulto todos los temas?

7. ¿Sabés que los separados y las separadas a veces se llevan puesto el trabajo a casa?

8. ¿Sabés que los amigos se van a dividir?

9. ¿Estás dispuesto a repensar la vida social con tus hijos, hacer planes creativos, vincularte con ellos a solas?

10. Por último, preguntate si agotaste los recursos: ¿Fuiste a terapia? ¿Reflexionaste acerca de tu comportamiento?

Muchas parejas tienen problemas con frecuencia y se acostumbran a vivir bajo el conflicto por lo que a veces no distinguen entre una crisis o la verdadera necesidad de separarse.Podemos decir que una pareja deja de serlo cuando la relación empieza a convertirse en amenazante e insatisfactoria, cuando se pierde la intimidad y el respeto por sí mismos; comienzan a preocuparse por loque falta en la pareja, centrándose en observar lo negativo y las necesidades que no están cubiertas. Cuando la pareja pierde el horizonte y siente que pierde razones para vivir con la otra persona, se inicia ese proceso de deterioro del amor que para muchos concluye en la ruptura.

Existen otros aspectos que nos indican que la relación está desgastada y que, en muchas ocasiones, son la causa de una ruptura de pareja. Indicativos de que la relación de pareja ya no es tal:

  • Cuando los tres elementos de la pareja: el yo, el tú y el nosotros no participan de una interacción dinámica y equilibrada. Cuando uno de ellos ahoga la posibilidad del otro.
  • Cuando el amor muere por falta de nutrientes. Las parejas se dejan llenar de obligaciones y no encuentran la manera de alimentar sus expresiones amorosas.
  • Una de las primeras manifestaciones del desamor es la pérdida de contactos corporales. (contacto visual, dejar de mirarse con ternura, con aprobación, con agrado, las caricias se vuelven mecánicas y obligatorias, los besos dejan de ser profundos y se traducen en manifestaciones de saludo o despedida, las frases amorosas pasan al olvido).
  • La comunicación se vuelve confusa, agresiva, llena de suposiciones y malos entendidos. Cada uno adopta una postura que le impide establecer una expresión comunicacional sincera y abierta.

La mayoría de las parejas que terminan en separación no han logrado cumplir con las expectativas ni de sí mismo, ni del otro. Es probable que hayan idealizado cómo debe ser una pareja “perfecta” y han luchado inútilmente por obtenerla. Las parejas perfectas no existen, existen seres humanos cuya forma de actuar, de sentir, de emocionarse, de plantear la vida, es agradable para el otro; no tiene que ser igual al otro.

SHARE WITH FRIENDS: