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actitudes a modificar para generar cambios en nuestra vida

Cambiar de trabajo, buscar un nuevo entorno social, terminar una relación que no da para más, modificar hábitos, etc. Hace tiempo que una sabe que tiene alguna de estas cuestiones en  modo “pending”, pero una cosa es saber que es necesaria y otra distinta es activarla. Muchas veces, hasta terminamos envolviéndonos en esfuerzos fenomenales para sostener lo insostenible aún siendo conscientes de que no activar también tiene un costo porque la cuestión se vuelve pesada, nos paraliza o hunde más. Es demandante activar un cambio, pero más demandantes pueden ser las consecuencias de no hacerlo.

Lo primero que percibimos al encarar un cambio suele ser un especie parálisis que nos atraviesa el cuerpo. Los motivos por los que solemos no activar un cambio van desde la fiaca hasta el temor a las consecuencias, pasando por la imposibilidad de prestarle atención porque hay otros frentes abiertos. Y en estos motivos, que son tan variados como válidos a nivel argumentativo según la circunstancias de cada uno, generalmente subyace el temor a ese temblequeo que nos atraviesa, que es el temblor de nuestras creencias y/o de nuestro cotidiano. Cuando las creencias o el cotidiano cambian producen ese temblor.

Si el cambio nos atraviesa el cuerpo, habrá que ponerle el cuerpo al cambio. Esto, en términos de capacidades, puede ser visualizado de la cabeza a los pies.

  • Puntos de vista. La capacidad de identificar el punto de vista con el que estamos considerando tanto la situación actual como las alternativas de cambio respecto de esa situación y hacer el ejercicio de intentar otros puntos de vista. Probablemente ni la situación ni sus alternativas nos resulten iguales si podemos observar desde diversas perspectivas. Al final de este texto, unos motoqueros nos lo muestran.
  • Análisis, planificación e intuición. La capacidad de analizar lo que hay y lo que se busca y planificar en consecuencia, mientras que a la vez damos lugar a nuestra intuición, puede ser una buena estructura que nos permita trazar caminos viables: con qué contamos en cuanto a experiencia, conocimientos, habilidades y contactos y qué de eso necesitamos para activar el cambio y para sostenerlo en el tiempo; qué oportunidades existentes podemos aprovechar y cuáles habrá que generar; qué impactos (deseados e indeseados) habría en un corto, un mediano y un largo plazo.
  • Compromiso y voluntad. El compromiso y la voluntad ayudan a pasar del deseo y esas “volteretas mentales” a la acción y, una vez que uno activa, ayudan a sostener, a tener paciencia, a seguir remando. Además son generadores de apoyo por parte de los otros: si los otros nos ven involucrados con ese cambio que estamos encarando probablemente sientan más disposición a ayudarnos, o al menos a no trabarnos.
  • Deshacer. Desenredar y encontrar la punta del ovillo es como identificar la esencia de lo que buscamos cambiar. Y a la hora de establecer alternativas, seguramente al principio no tengan forma y sean medio inabordables, por lo que habrá que amasarlas para darle la configuración adecuada y volverlas posibles.
  • Empezar a andar. Caminar el cambio es la capacidad de ejecutar, de salir de lo conceptual y pasar a la práctica, y que la práctica retroalimente lo conceptual. Es salir de la inercia. Una vez que salimos del estado de estancamiento, se trata de encontrar la cadencia y la velocidad adecuadas, pero resultan detalles frente a lo que implica pasar de un estado pasivo (inmovilidad) a un estado activo (movilidad).

portrait of woman thinking and biting her lips, looking up with hand on cheek. Horizontal shape, Copy space

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