Home » Moda » ¿Por qué las prendas estén tan caras en Argentina?

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Muchas veces nos ha pasado de observar nuestro placard y notar que estamos escasas de prendas, o que ya estamos cansadas de ponernos siempre lo mismo. Otras veces, vemos en las vidrieras de locales prendas que nos gustaría tener o hasta puede pasar que alguna amiga o conocida super fashionista nos muestra las nuevas tendencias de temporada. Sea como fuere, por necesidad, placer o para darnos un simple gusto, nos agarra el deseo de comprarnos algo de indumentaria. Sin embargo, al ver los precios que en la actualidad tienen muchas prendas, nos agarra también el «ataque» y nos invade una fuerte tristeza.

En comparación con muchas otras partes del mundo, la ropa en nuestro país es muy cara. Además, prácticamente no hay «cultura» de rebajas. Los off sale en otras partes del planeta son verdaderas oportunidades de compra. Se pueden obtener prendas entre un 50 y 70% más económicas. Acá no sucede los mismo. Termina el invierno y ese abrigo carísimo al nivel del delirio pero por el cual tanto suspiramos, podemos comprarlo con un 30% de descuento. Cuando una campera nos quita la mitad del sueldo o un par de botas nos termina costando casi como el alquiler mensual de nuestro depto de un ambiente, es imposible no sentir bronca, indignación y, en el mejor de los casos, desconcierto absoluto. Por otra parte, comprar en Argentina (especialmente en Buenos Aires) se convirtió en una actividad que demanda cierta inteligencia. Las razones psicológicas de esto merecen un análisis profundo, pero todo se resume así: muchas marcas ofrecen descuentos «importantes» ciertos días de la semana, sacan promos como el 2×1, etc. Obviamente, es lindo sentirse una ganadora por pagar la mitad de lo que costaba algo.Lamentablemente, todo ese esfuerzo es sólo para que pagues más o menos lo que correspondía que pagaras realmente.

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Siempre la ropa ha sido más cara por estas latitudes que en USA, por ejemplo. Tenemos el clásico ejemplo de un par de zapatillas NIKE. Acá venden modelos ya en «desuso» a un precio casi irrisorio : 3 veces más caras que el último modelo salido en Estados Unidos. Además, en los últimos años, la situación ha ido empeorando… y es así como Argentina se ubica entre los mercados más costosos del mundo. Con el precio del dólar por las nubes, se entiende que esto pase con las firmas internacionales, pero también ocurre con las «made in Argentina».

Al momento de justificar el por qué acá la ropa es tan costosa, por qué los precios son un delirio, una frase muy repetida es «La mano de obra local no puede competir con los costos de los países asiáticos».  Ya casi nadie cree en esto pero se sigue sosteniendo que, al ser Argentina un país con salarios mínimos regulados, paritarias y condiciones laborales legisladas, fabricar es más caro que en grandes naciones que se abastecen a través de la mano de obra esclava de Asia. Por supuesto, este motivo sería bárbaro si no fuera porque no es del todo cierto. La Cámara Argentina de la Mediana Empresa denunció recientemente que, sólo en Capital y el Conurbano, existen más de cinco mil talleres clandestinos, en los que trabajan cerca de 30.000 mil personas en condiciones de esclavitud. Se calcula que de ahí se provee a cerca de 75.000 puntos de venta, tanto legales como ilegales! Existen casi 200 marcas denunciadas penalmente por uso de mano de obra clandestina, y no son precisamente las que tienen las prendas más baratas.

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También se suele apuntar al tema de la originalidad y creatividad, como que no se está pagando únicamente la tela y la confección de la prenda en cuestión, sino la creatividad, la firma del autor, el sello de una persona o de un grupo, que tiene una identidad tan original que ofrece casi una pieza única. Sin embargo, esto es otra mentira ya que existen muchos diseñadores locales y marcas que no sólo «se inspiran», sino que hacen un «calco exacto» de muchos diseños del exterior y encima los venden más caros que los originales.

La famosa suba de costos de la materia prima es otra excusa muy utilizada. En los últimos años, medidas como la traba a las importaciones y algunas para estimular el consumo impulsaron a que la industria textil creciera en producción, pero no necesariamente en términos de inversión. Por diversas razones (como no calificar para créditos o no poder importar ciertos insumos ni máquinas), la mayoría de las fábricas no logró abastecerse de nuevas herramientas para producir más y mejor. En otras palabras: aumentó la demanda de telas, botones, cierres, hilos, pero no los medios para abastecerla. Esto, lógicamente, se tradujo (y se sigue traduciendo) en un incremento de precios. A este panorama hay que sumarle el dificilísimo, y a veces imposible, acceso a telas importadas. Por todo esto, es bastante entendible que una marca nos «vuele la cabeza» por una remera de una seda natural traída del exterior o por una de una excelente calidad nacional, pero hasta «ahí». Hoy es más fácil encontrar precios caros que telas buenas. Por eso, conviene aprender a testear la calidad para ver si es realmente tan alta como el precio que te cobran.

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Los costos ocultos del posicionamiento de una marca: la mayor parte del costo real de una prenda o producto es anecdótica al lado de la parafernalia desplegada para fabricar su «alma». Muchas veces, solo el 15% de lo que pagás es el valor de lo que comprás. Y no es que las marcas estén «dibujando» el excedente sino que en el precio se suma el alquiler del local en el shopping, el diseño del packaging, la modelo danesa o sudafricana imágen de la temporada de esa marca, el fotógrafo norteamericano contratado, el cartel y así sucesivamente... Así se maneja el capitalismo y funciona creando un deseo. Te gusta una marca, lo que representa, y pagás no solo la prenda, sino el universo que la rodea. La alternativa es clara: vos podés elegir si renunciás a la marca en su conjunto o si la pagás.

Que escasean los puntos de venta es real, pero sólo en el caso de las marcas que aspiran a vender en shoppings. Esto explica por qué es ahí donde encontrás los precios más caros. Mientras que en los últimos años las ferias se multiplicaron y expandieron, apenas se sumaron dos shoppings nuevos al panorama porteño, por ende, hay poca oferta de alquileres de locales y esto genera una suba constante. Quienes eligen vender desde un shopping deben concentrarse en consumidores de alto poder adquisitivo para compensar. La venta para clase media se trasladó a las ferias y los barrios más periféricos, que ofrecen costos menores para los comerciantes.

¿Qué pasa con las marcas internacionales? No son pocos los que aseguran que si firmas como H&M o Forever 21 aterrizaran, probablemente las condiciones de competencia cambiarían. ¿Por qué no lo hacen? Existen desde hace años importantes obstáculos, como altos impuestos, para importar productos que se fabrican (o que se puedan fabricar) en el país. He aquí la explicación de por qué las marcas que sí están pueden llegar a cobrarte sus productos más caros. Si a esto le sumás costos de envío y la inestabilidad cambiaria, el panorama es desalentador. Pero hay algo más: no todas las empresas están dispuestas a acatar la medida del Gobierno que exige que el que quiera importar deba exportar las mismas sumas para mantener la balanza comercial equilibrada. Por esta razón, en los últimos años, marcas como Carolina Herrera y otras francesas, han cerrado sus lujosos locales en Av.Alvear y alrededores.

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Por último, muchos especialistas aseguran que la inflación explica el fenómeno. Por un lado, porque nos hace perder la noción de lo que gastamos, por el otro, porque atenta contra la noción de ahorrar y de invertir. Si el dinero pierde su valor semanas tras semanas, es lógico que sientas que lo termines gastando, cueste lo que cueste. Acá, ya no se trata de un comportamiento personal sino de una respuesta a un modelo económico con medidas que te picotean la cabeza, como el acceso a 12 cuotas sin interés. Y, claro, si la venta se sostiene a pesar del aumento desmedido de precios, es lógico que nunca bajen.

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